Escapismo


Gambas a la plancha
12 abril 2011, 10:58 pm
Filed under: Ficción

A ojos de los demás sois una pareja normal, incluso atractivos. Lleváis en el barrio muchos años, y todos los sábados tomáis el aperitivo en el mismo bar. Te pintas y te pones vestido porque a él le gusta verte arreglada. Salís del portal y te coge del hombro, tú te dejas, has aprendido a que tu cuerpo no se encoja involuntario. Así vais hasta el bar. Al entrar todos os dan un trato familiar. Pedís siempre lo mismo, cerveza y una doble ración de gambas a la plancha, especialidad de la casa.
Observas a tu marido, con su americana de alpaca, la camisa abierta y el pelo hacia atrás, gasta bromas y, encantador, le pregunta al camarero por sus hijos, se acerca a la cocina a saludar. Tú, en cambio, te quedas en la barra, amedrentada entre la gente, el camarero te habla pero ni le miras, das un sorbo al doble que te acaba de poner delante. El bar está casi lleno, las gambas son un reclamo universal. Cuando él vuelve te conduce a una mesa, te dice que te quites el abrigo, y tú lo haces. Mientras esperáis las gambas le escuchas lo repetido tantas veces, con los mismos insultos y quejas, vocifera hablando de sus compañeros de trabajo, les llama “lameculos”. Sientes vergüenza, te da la impresión que todo el bar os presta atención, miras de reojo la tele y te callas.
El camarero os trae una fuente llena de gambas humeantes, con sus granos de sal por encima. A ti te encantan las gambas. Vuelves la vista hacia la tele y, en la misma dirección, te encuentras la mirada de un chico, y la mantienes, más de lo normal. Te gusta su cara, te pones nerviosa, bajas la vista hacia las gambas relucientes y bebes cerveza. Él te pregunta por qué te has puesto colorada. Tú tienes calor, eso dices. Coges una gamba y le quitas la cabeza, te la metes en la boca y tus ojos se dirigen hacia el chico, está escuchando a su amigo pero también te mira a ti que te afanas en sacarle todo el jugo.
Tu marido quiere otra cerveza, cuando se vuelve para pedirla, se percata de la presencia del chico que te contempla absorto. Te increpa en mal tono:
– ¿Estás tonteando con ese imbécil? –
– No empieces – contestas tú suave, sin ánimo de discutir.
– Tú a mi no me tomas el pelo – insiste él, y su mano dura te aprieta el brazo, notas sus dedos hundiéndose en la carne, te hace daño.

Ahora las gambas se enfrían. Te suelta y tú temiendo el alboroto, le aplacas, le ofreces una gamba que él tira al plato dándote un manotazo. Y le oyes decir:
– Come tú gambas –

Y es lo que haces, coges otra y, aunque quieres hacerlo, no levantas los ojos del plato. Tienes que comerte dos más antes de atreverte a coger el vaso y dar un trago para volver a mirar hacia el televisor. Pero ahora, el lugar del chico está vacío, y ni siquiera le has visto irse. Tu marido en frente, con los labios brillantes de grasa y una mancha rosa en la pechera, hace señas al camarero para que traiga la cuenta. Notas como las lágrimas te suben por la garganta pero tragas fuerte y coges la última gamba de la fuente. Te quedas mirando los bigotes largos, los ojitos negros, y, antes de que se enfríe del todo, absorbes su esencia casi con furia. Tu marido, ya desabrido, te ofrece su plato lleno de pieles pero con las cabezas intactas. Piensas los años que hace que caíste en su gravedad, y los que intentas salir de ella. Alargas la mano, coges una de las cabezas, pero cuando te la metes en la boca, el sabor a gamba se vuelve metálico y contienes la náusea.

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26 comentarios so far
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Me gusta más el principio del relato que el final, no veo la relacion gamba-pareja. Que se cansa de comer siempre lo mismo y ya no le sabe a nada ? Mmmm, no sé debo estar espeso.

Será por eso que no me gustan los alimentos que van por el mar.

Comentario por charradetas

jaja, no creo que estés espeso Charradetas, es que siempre buscas más de lo que hay. No hay relación directa gamba-pareja, solo es una escena cotidiana que deja claro que ella es más que infeliz y él más que un capullo. ¡Abrazo!

Comentario por Elena

Todo parece normal. Una pareja como muchas que asiste al restaurante de su preferencia cada semana a comer el platillo favorito. Rutina para vestirse, el día, la expresión de él, su timidez, hasta las declinaciones apoyan lo que la pareja hace. Entre la monotonía una flor se abre, dificil dejar de verla… Dificil que la monotonía tenga una final de rutina. Excelente como siempre querida amiga… un beso y un abrazo Rub

Comentario por rubengarcia

Gracias Rub! A veces la normalidad solo es en apariencia,y por otro lado ¿qué es normal? Para esta pareja, aparte de comer gambas, la normalidad significa prepotencia y sumisión a un tiempo. Abrazos.

Comentario por Elena

Me temo que, en efecto, es una pareja normal, común, corriente, muy habitual. Me temo que el mundo está lleno de capullos y de infelices, y de cosas peores. Lo has descrito muy bien.

Excelente el uso de la segunda persona.

Saludos.

Comentario por Alan Rulf

Gracias Alan, no suelo escribir en segunda persona pero me ha gustado el resultado.
A veces somos nosotros mismos los que buscamos la infelicidad…agarrándonos a capullos. Un abrazo.

Comentario por Elena

Refleja muy bien ese agarrarse a lo cotidiano, a lo segurito, las mismas gambas de siempre, el mismo bar, lo mismo todo. Veo por todo el cuento una imperiosa necesidad de cambio en ella, pero le falta valentía porque de haberla tenido le habría tirado las cabezas de gambas a la cara. Muy bueno Elena. Un beso

Comentario por Maria1

La valentía, esa gran cualidad tan escasa en el mundo de las relaciones, ¿miedo al cambio? ¿miedo a la soledad? Quién sabe pero cuántas parejas vemos sin ganas de estar juntos pero sin valor para dar el paso. Gracias neni, besitos.

Comentario por Elena

Yo, sin embargo, creo que ella está en el punto de ser medio-valiente. Y que el relato expresa un proceso de cambio y de conciencia por su parte. Aunque es raro porque, el hecho de que ella coquetee con el chico descaradamente, y le diga a su pareja que “no empiece” me hace preguntarme si estará jugando a seguir siempre así, o si realmente es una mirada al futuro y saldrá en breve de esa relación tan poco “sabrosa”. La respuesta para mí está en la gamba final: en un mes le dejará. Total que, como verás, me he involucrado a tope en la historia porque, chica, eso es lo mejor de tus relatos, que uno se los apropia, y los vive. Muy bueno. !Besitos!

Comentario por fatima

Ella ve la puerta de salida, sabe que tiene que cruzarla, instantes como la mirada del chico la dan fuerzas pero luego es consciente de su debilidad y se hunde. Quiero pensar que en un futuro cercano lo conseguirá. Es genial que los vivas así, como yo. Besazos.

Comentario por Elena

Una mujer que se enfrenta a su propio destino, sabiendo que el presente ya no es lo que imaginaba. Esperemos que lo logre… Un saludo

Comentario por Concha Huerta

Y pensar que uno tiene la posibilidad de cambiar su vida y no mueve un dedo,es triste,a veces solo un revulsivo es capaz de hacer posible el cambio. Gracias Concha!

Comentario por Elena

Me ha sorprendido que hayas usado la segunda persona; creo que le va muy bien al relato porque potencia la sensación de reproche por seguir con esa farsa de matrimonio.
Es bueno volver a leerte.
Un besazo.

Comentario por Ainhoa

Es la segunda vez que uso el tú, y estoy de acuerdo, a este texto le va muy bien, de hecho funciona mucho mejor que en tercera persona como estaba el original. Gracias guapa, me ha costado, sigo con la mente dispersa, 🙂
Besazos.

Comentario por Elena

A mi me ha gustado todo, de principio a fin. Me gusta que coman gambas a la plancha porque es un platillo especialmente pringoso, casi diria dificil, que conjuga perfecto con una escena incomoda (que chupen las cabezas me parece muy bueno: sorber cabezas… succionar -al otro- hasta dejarlo vacio). Por otra parte, no encuentro que se trate de una pareja normal (si es que hay algo asi), y menos comun. Hoy es dificil que una mujer -o un hombre- se someta asi, sin embargo, haberlas haylas (no deberia pero lamentablemente sucede).
La segunda persona del plural (Ellos), como punto de vista, no es algo que lo tenga claro. El narrador observa (relata) y lo hace desde la tercera: ellos son, tu eres. El punto de vista es desde donde se narra no sobre quien se dice algo.
Me ha gustado mucho.
Un beso Elena

Comentario por Javier Revolo

Gracias Javier, siempre tan positivo, muy aguda tu observación de la gambas,la pringue y dificultad de comerlas.
Por suerte cada vez hay menos parejas así, pero yo conozco alguna y lo peor es que la mujer no es consciente de su propio sometimiento, creen que tiene que ser así, aunque no es el caso de nuestra protagonista que quiere acabar con ello pero le falta valor.
El tema de la segunda persona creo que le da intensidad a este texto pero no siempre funciona. Un besazo.

Comentario por Elena

Creo, al igual que Javier, no sea una pareja “tan común”, pues si bien, como Elena le dice, existen todavía parejas similares a las de éste relato, también lo es que cada día se encuentran más y más parejas con mayor libertad en varios de los sentidos que la palabra libertad conlleva.
Existe un dicho por aquí, que bien podría ser adaptado de la siguiente manera: “El opresor existe hasta que el oprimido quiere”
Me agrada leeos Elena, pues siempre encuentro nuevas formas en vuestra narrativa.
Saludos

Comentario por Ericka Volkova

Estoy contigo en que estar en pareja conlleva libertad, si no es imposible para casi todos que eso dure. Pero cada uno tiene su concepto de pareja y de como debe ser, y de ahí suelen surgir muchos problemas. Gracias Ericka por tu opinión. Un abrazo.

Comentario por Elena

bajo un paseo habitual de pareja, se descubre una tensa relación gastada por los años y muchos paseos como ese. Saludos

Comentario por minicarver

¡Cuánto tiempo José!
Ya sabemos que la normalidad, muchas veces, esconde, por eso no hay que fiarse de las apariencias. Un abrazo.

Comentario por Elena

¡Qué escena más buena y qué asco de tío! No sé por qué me he imaginado a la perfección sus dedazos grasientos y el plato lleno de cáscaras y me ha resultado todavía más repugnante.

Comentario por Miguel Baquero

Jaja, me alegro Miguel porque era esa la idea, que el tipo resultara detestable. A ver si este tipo de hombres van desapareciendo y este tipo de mujeres empiezan a resurgir de su marasmo.

Comentario por Elena

O sea, que la muy zorra se pone a intercambiar miraditas con el tío que está enfrente y la culpa la tiene el marido, que encima tiene el cariñoso gesto de dejarle las cabezas. Además sé de sobra que lo del apretón con dolor te lo has inventado. Solo para poner a la gente en contra del marido. Manipuladora!!!

besitos y ya era hora.

pd. Lo confieso: yo también le paso las cabezas a mi mujer. Pero para entretenerla y poder comerme más cuerpos, no por amor como el prota del relato.

Comentario por ángel

:-D, tú siempre poniéndote de parte del hombre, si es que en el fondo eres un machista, ¿es que tú no intercambias miraditas con una mujer guapa de la mesa de al lado? ¡No te creo!
Cuánta generosidad por tu parte darle las cabezas a tu mujer, jaja, espero que por lo menos se las des calentitas…
Besitos

Comentario por Elena

Hola Elena. Muy buenas las gambas! Me da la sensación de que si siguen estando juntos no es por lo que cuentas en el relato (si no, ella ya se habría ido). Será otra la causa. Las parejas suelen tener acuerdos más o menos tácitos de cómo funcionar. Trade-offs, compromisos, dar de esto, ceder en lo otro. De todas maneras, sin ser astrólogo me imagino que a estos dos no les queda mucho tiempo juntos. Yo me pregunto: una vez separados ¿podrán formar nuevas parejas que funcionen diferente?

Abrazo!

Comentario por blopas

Estas relaciones dependientes e infructuosas que se alargan en el tiempo sin un motivo claro, tarde o temprano acaban por suerte para los dos. Y quiero creer que sí, que podrán tener relaciones diferentes, más sanas y libres. Se supone que deberíamos aprender de los errores aunque no siempre es así. Qué bien que hayas vuelto. Abrazo.

Comentario por Elena




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