Escapismo


SÍ QUE VALES
17 octubre 2010, 12:20 pm
Filed under: Ficción

La hermana Matilde reparte las pastillas en vasitos etiquetados con nombres. Es metódica, para no equivocarse. Lleva en este asilo tantos años que forma parte de él. Es la única que ha aguantado tanto tiempo. Pone los vasos en una bandeja y los lleva al comedor. Cuida ancianos, dementes y enfermos sin remedio. Cuida a parias de la sociedad pero ella solo ve desvalidos. Y se siente en casa. La necesitan. Pone los vasos en una bandeja y los lleva al comedor. Están todos desayunando, un hombre joven, medio loco, se levanta y le hace la ola con las manos, gritando “ooooola”. Ella le pone las manos firmes sobre los hombros y el interno se sienta y coge su magdalena.
La hermana Matilde no pertenece a orden religiosa alguna, ni siquiera tiene hermanos pero todos la llaman así. Siempre va con blusas color crema y faldas oscuras y anticuadas. El pelo, ya fosco, recogido en coleta. Sus gestos son delicados a pesar de ser robusta. La educó su padre, un General exigente para el que su hija era un fracaso. Cuando murió llevaban once años sin hablarse. La hermana Matilde lloró amargamente una noche. Reparte los vasitos, a cada uno el suyo. Cuando llega a Pep, un hombre que pasa de maduro, aseado y siempre con el libro “La vida es sueño” en la mano, éste la dice:
– Matilde, – es el único que la llama así – ¿cómo estás hoy?

Ella le mira con dulzura y contesta:
– Bien Pep, como todas las mañanas.

El anciano que está en frente le dice:
– No mires así a la hermana Matilde, marrano – y pone cara de asco.

La hermana Matilde, que hoy se ha levantado decaída, se queda sola a recoger el desayuno. Los acogidos le alegran la vida. Por eso nunca se ha querido ir del asilo. Aunque a veces se meta en su cuarto, como ayer por la noche, y llore porque se siente desvalida, como ellos. Ha fracasado muchas veces, no ha podido Ser madre, después del último aborto el marido la abandonó, y, como punto final a la mala racha: la muerte de su madre. Se sintió tan insignificante y vulnerable que buscó un refugio, y en él se quedó.
Los internos salen al jardín. La hermana Matilde se mete en la cocina donde ayuda a sus compañeras a preparar la comida. Le queda media hora antes de comer, sale al jardín y busca a Pep, sentado solo en el banco del muro, intentando hacer un crucigrama que en realidad se inventa. Se sienta a su lado, él sonríe enseñando su dentadura amarillenta pero bien conservada. Hablan, y se rozan la punta de los dedos, como sin querer. Están apartados de los demás. Cuando quedan diez minutos para comer, ella se levanta y le roza la mejilla con un gesto maternal, hoy él no tiene el día lúcido. Se queda unos segundos contemplándole, allí sentado con su ancha espalda apoyada en el muro, rodeado de hojas caídas, mirándola con cara de lelo y siente que su estómago se encoge. Pep le importa. Él hace que, aparte de necesaria, se sienta una mujer especial.
Durante la comida él se olvida de masticar mientras la mira embobado. Algunos se ríen de él y le dan golpes en la espalda, uno grita: “esa zorra te gusta” y ella, temiendo que arme más revuelo, desaparece hacia la cocina.
Después de la siesta, varios internos están en el saloncito viendo la televisión. Pocos hablan. Pep está absorto en una película de trenes. Hace fresco, Matilde coge una manta y se sienta en el sofá entre él y un anciano que dormita. La extiende por encima de los tres. Pep solo advierte la presencia de Matilde cuando ella, bajo la manta, entrelaza sus dedos con los de él. A él los trenes dejan de interesarle. En seguida, abre un poco las piernas, coge la mano de Matilde y la coloca en su bragueta. Ella sonríe, le da pequeños apretones, se miran a los ojos. Y a Pep se le pone otra vez cara de lelo, y, en un susurro, dice su nombre una y otra vez: Matilde.

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16 comentarios so far
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Es un placer leer tan delicado texto de placeres ocultos bajo las mantas.

Salud.

Comentario por Juanma

¡Gracias Juanma! Ya sabemos que los placeres ocultos dan todavía más satisfacción. 😉

Comentario por Elena

Qué bien contado está. Chapó. De verdad que es magnífico. Hasta el final, tan “brusco”, está contando con delicadeza y comprensión. Muy muy bueno.

Comentario por Miguel Baquero

Con estos comentarios que me hacéis tan positivos, entre todos me animáis a seguir escribiendo, con lo que me gusta.
!Gracias Miguel!

Comentario por Elena

Ciertamente, la cara de lelo de una gran parte del hombre contemporáneo, enfermo o no, reproduce en gran medida la estulticia de la sociedad actual. Matilde se rebela contra esto y sabe hacerlo, con pocas palabras y mucho amor disfrazado de sexo. El súbito final requeriría una continuidad. Seguimos atentos.

Comentario por Leo F.

Matilde está en un lugar donde la estupidez es una enfermedad que se trata. Yo no creo que se rebele, solo supervive entre tanta estulticia, y debe saber hacerlo porque consigue encontrar un poco de felicidad.
¡Gracias Leo!

Comentario por Elena

Está genial Helen. Aunque yo tengo otra lectura, no sé porqué. Al principio pensé “!Qué romántico! Bien por Matilde”, pero luego le he dado otra vuelta y me ha dado por pensar que no es la primera vez que le mete mano a un locuelo debajo de la manta. En fin, que lleva años viviendo historias de amor parecidas de ahí lo de “Sí que vales”. ¿Esa lectura la tenías tú en mente? ¿O soy yo que me he vuelto una maldad andante y no tengo piedad de la pobre Hermana?

Comentario por Fátima

😀 No creo que seas una maldad andante. Me gustan las diferentes lecturas y la tuya igual de válida que la romántica. No sería de extrañar que la hermana Matilde ya hubiera hecho eso alguna vez, y si no lo ha hecho antes es muy posible que lo haga después. Hay que buscarse alicientes en la vida, ¿no?
Besos

Comentario por Elena

Ni demencia, ni estupidez. Creo que Matilde y el Pep son los más creativos y cuerdos del psiquiátrico, el resto es atrezzo.
Besos Elena!!

Comentario por Rober

Ellos son los que más saben disfrutar de la vida, y eso desde luego no es de estúpidos ni de dementes. En esta vida el corazón y la carne no pueden dejar de vibrar.
Besos Rober.

Comentario por Elena

Hola Elena
Gran retrato el que has hecho de la hermana Matilde, una persona como pocas, con un gran sentido de bondad y compromiso con los desvalidos, ojalá hubiera más personas como ella en el mundo. Excelente texto

Comentario por A.B.

Gracias A.B. Tienes razón, si el mundo estuviera lleno de personas desinteresadas y generosas el mundo sería un lugar más agradable, y todos saldríamos ganando.

Comentario por Elena

Vaya locura…
(Creo que no hacen falta más palabras, salvo dos: “lEEEEEE dijo”, jaja)
Hacía mucho que no entraba en vuestros plogs.
Abrazos desde el Espejo

Comentario por Nando

😀 Bueno, eso se da por supuesto. Como verás esta historia no va de rupturas. Pero la siguiente sí. ¡Bienvenido!

Comentario por Elena

Y la entrepierna de la pobre Matilde???? La mujer se merece que la enreden un poco también, que menuda vida…

Comentario por ucomin

jaja, tienes razón. Quiero pensar que esto es solo el inicio de una larga relación sexual y Matilde recibirá lo que merece.

Comentario por Elena




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