Escapismo


Un día inolvidable
12 septiembre 2010, 8:20 pm
Filed under: Ficción

Estoy aquí tan tranquilo, debajo de la sombrilla, bebiendo una cerveza fresquita y comiéndome un bocadillo de sardinas. Al segundo mordisco he visto como, en unos segundos, la playa se llenaba de guardias civiles. Me he asustado de forma instintiva, los uniformes me imponen. No estaba seguro de si quería mirar o no. Al final he estirado el cuello y me he quedado quieto en mi silla de plástico porque desde ese punto la visibilidad era buena. La playa es pequeña. Los guardias iban de una punta a otra como sin saber qué hacer. Se hablaban unos a otros y movían las manos. Un barco de protección civil se ha acercado, quedándose a unos cien metros de la arena. La mayoría de los bañistas se han levantado de sus toallas cotilleando lo que pueden. Un pequeño grupo variopinto se va pegando a la orilla. Los niños revolotean como moscas. Los policías municipales intentan sin éxito dispersarles. Un estruendo hace que gire la cabeza y me sobresalto cuando un helicóptero enorme viene hacia nosotros, levanta una tormenta de arena. Nos llevamos los brazos, o las manos, a la cara. El bocadillo de sardinas sale perjudicado. Varias sombrillas corren por la arena, saltando neveras y toallas. El aparato da miedo tan cerca, nunca había visto uno. El helicóptero se adentra en el mar, no mucho, y se queda en suspensión, y, ante mi incredulidad, unos hombres buzo se tiran al agua crispada. Estoy aturdido, todo me parece fuera de lugar y de tiempo. Me he levantado aunque sigo en mi sitio. No me siento seguro del todo pero nadie abandona la playa así que yo tampoco. El grupo que observa, cerca de la orilla, ahora es numeroso. La policía, también la nacional, les echa hacia atrás todo el tiempo, pero ellos solo retroceden milímetros, no se dejan ganar terreno. El aparato se aleja y vuelve la calma. Me quedo unos minutos en suspense. La playa entera, en realidad. Me canso de esperar que pase algo y me acerco al gentío, convencido de que tendrán más información. Cuando llego a ellos, están callados, yo tampoco hablo. La mujer que tengo al lado me mira, aleteando la nariz, y su vista baja hacia mi mano, que todavía sostiene el bocadillo de sardinas. Por suerte hay una papelera a cinco metros de nosotros. Oigo una voz que dice:
– Han sacado algo del agua.
Todos se agitan, se ponen de puntillas y elevan la cabeza. Empiezan a especular, hablan a un tiempo, escucho palabras como cadáver, cocaína, tesoro, armas. Qué decepción, no saben nada concreto. Me quedo a ver qué pasa. Un chaval dice que está seguro de que es “costo”. Desvío la mirada y no intervengo. Una señora, con gorrilla y bañador rosa, le pregunta al policía, y éste hace como que no existe.
Por fin, avistamos las cabezas de los buzos, nadan hacia nosotros y entre varios sujetan un bulto oscuro que flota. Nuestras cabezas se mueven siguiendo su curso por el mar. Varios adolescentes, y una señora despistada, nadan intentando acercarse; pero los buzos les espantan con las manos, como a insectos.
En cuanto llegan a la orilla, se agolpan policías y guardias civiles y escoltan, ahora lo podemos apreciar, un bulto grande envuelto en plástico verde. Lo cargan entre cinco y lo llevan a una furgoneta negra. Nosotros vamos detrás. Parece que pesa. Un guardia civil abre la furgoneta y lo meten con cuidado. Cuando cierran las puertas de la furgoneta en nuestras narices, nos miramos desolados. No podemos creer todo haya acabado y que se vayan así. No podemos soportar que se lo lleven sin saber que contiene el plástico verde. Todos creemos a estas alturas que es un cadáver pero necesitamos la confirmación policial. El fin de la incertidumbre. Saber si es hombre o mujer, como murió, y a que años.
Seguimos en comandita a los cuerpos de seguridad, casi todos con gafas de sol, y chorretones de sudor por la cara. Cuando creo que está todo perdido, un señor menudo, con slip rojo, hace el último intento y pregunta qué ha pasado. Un policía municipal, más cercano a la plebe, nos lo cuenta de forma escueta. Todos escuchamos con alivio que, la noche anterior, un chico joven se ha caído por el acantilado. Un marinero, desde su barco, ha visto al muerto en el fondo. Y eso es todo.
Nos dispersamos, satisfechos. Miro el reloj y veo que han pasado tres horas, qué entretenido, pienso. Tanto follón por un accidente. Parecía algo más grave.
De camino a la sombrilla mi lengua encuentra un trocito de sardina en el moflete, lo saboreo. Me acuerdo de la pérdida de mi bocadillo de sardinas y siento un enorme agujero en el estómago.

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20 comentarios so far
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Ay….cuánto echaremos de menos a la señora del bañador rosa o a la posibilidad de un accidentado día de playa…

Comentario por Christian

¡Tú por aquí!
Pues sí, el verano termina y tendrá que pasar el largo invierno para volver a ver a señoras de rosa…y a comer bocadillos de sardinas. Besos

Comentario por Elena

Me ha encantado lo de “agua crispada”.

Comentario por blanca

Creo que es muy gráfico, y más cuando lo causa un helicóptero. Mua

Comentario por Elena

Jajaja, genial. Cae el telón de función y es hora de volver al chringuito, al Sandevid y al estupor somnoliento de nuestras vidas. La pérdida de una vida es menos molesta que el agujero en nuestro estómago de un bocadillo que pudo ser…”Tanto follón por un accidente”…

Comentario por Astapovo Blues

Gracias! Las desgracias ajenas nos suelen pasar de refilón, a veces nos pueden impresionar pero nos dura poco y, en este caso, ¡el hambre hizo que pasara a segundo plano en seguida! 😀

Comentario por Elena

Este relato es como un tema de Tom Waits o de Morphine. Arenoso, atractivo, espeso o cruel. Elena, te superas, tu creatividad es infinita. Buenas noches!

Comentario por Rober

Gracias Rober, siempre con esos adjetivos tan contundentes y para mí tan halagadores. 🙂
Besos!

Comentario por Elena

Excelente narración, me gusta tu blog, me falta mucho por leer, pero prometo regresar. Saludos

Comentario por A.B.

Gracias A.B., siempre serás bienvenido… y ¡tus comentarios también!

Comentario por Elena

Muy español todo. Un paquete flotando y unos guardias civiles, y toda una playa entretenida.
Veo a Tito y a Piraña corriendo para contarle a Julia y a Chanquete lo ocurrido.
Me voy a comer un bocadillo de sardinas ahora mismo.
Muy divertido.

Comentario por UCOMIN

Pues ahora que lo dices es muy Verano Azul, sí. 🙂
¡El español siempre ha sido muy cotilla!
besos

Comentario por Elena

Vaya, tanta molestia y total era un muerto …

En realidad es lo que haríamos cualquiera. Hay otra opción? Si por ver una cosa asi nos quedamos sin dormir lo tendríamos claro !
Sin embargo el morbo de ver lo que ha pasado es irrefrenable.
Creo que intentas hacer algun tipo de crítica pero queda refleja la realidad.

Comentario por charradetas

No suelo criticar ni juzgar nada,los personajes actúan y es el lector el que decide. No me gustan los relatos con “moralina”, bueno, ni la vida en general. Solo cuento cosas que pasan, como tú bien dices, la realidad.

Comentario por Elena

Es cruel lo de que ¡ah, bueno! sólo sea un ahogado y no algo más interesante, pero seguramente todos hubiéramos tenido la misma reaccon

Comentario por Miguel Baquero

Para muchos, véase el caso, ¡hasta un ahogado es interesante! Creo que casi todos, más lejos o más cerca, hubiéramos cotilleado en una situación así.

Comentario por Elena

por un momento he revivido algunas secuencias de mi vida…, que barbaridad.

Comentario por manoleitor

Puro realismo, tú, mejor que nadie lo sabes. 😀

Comentario por Elena

La quietud de la playa violentada por un hecho insólito. Con una sutileza admirable nos instalas en esa playa llena de curiosos y nos invade la misma curiosidad por saber lo que sucede. El detalle del bocadillo es todo un acierto. Felicidades saludos

Comentario por minicarver

¡Gracias José! La curiosidad del ser humano es innata, nos pican y queremos saber todo.
Me acordé de ti porque vi imágenes del Bicentenario, la verdad es que es algo digno de celebrar a lo grande!

Comentario por Elena




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