Escapismo


Pérdidas y ganancias
9 junio 2010, 9:27 am
Filed under: Ficción

Tengo un hijo. Pero no sé cómo se llama.

Tres meses después de un viaje de trabajo con noche loca, incluyendo un polvo efímero y mal echado, recibí una llamada:

– Estoy embarazada, y es tuyo.

A pesar de que solo la conocía de esa vez, no dudé de ella ni un segundo. Me quedé mudo al otro lado del teléfono.

– No voy a abortar.

La voz empezó a sonarme lejana, como de otro mundo.

– Pensé que querrías saberlo.

No, no quería saberlo. No tenía ningún derecho a soltarme esa información y quedarse tal cual. Le dije que necesitaba colgar. Esa noche no dormí.
Ahora tengo un secreto. No puedo decirlo porque mi vida se desmoronaría en cuestión de horas. Yo no quería un hijo, nunca me han gustado los niños, y no me lo había ni planteado. Responsabilidades las justas. Con treinta años todavía tienes edad de divertirte, de no preocuparte en exceso. Al día siguiente la llamé y se lo dije: no cuentes conmigo.
Durante todos esos meses procuré no pensar en ello, lo conseguí casi del todo. Poco a poco me fue pareciendo algo que le había ocurrido a otra persona. A mí no. Y cuando ya era del todo ajeno recibí otra llamada:

– Ya ha nacido… se parece mucho a ti.

Volví a guardar silencio, y a colgar. Ahora era peor. No querría haber escuchado esa frase. Una frase te puede arruinar la vida. Yo tengo mi vida aquí, en esta ciudad, él tiene la suya, con su madre, a quinientos kilómetros. Una vida que a los ojos de todos sigue igual. La mujer con la que comparto mi vida me hace feliz. Hemos comprado una casa. Me divierto con mis amigos y voy a conciertos. Pero no soy el mismo de siempre. Ahora tengo algo que ocultar. Un secreto que, medida que pasan los meses, se hace más grande, crece imparable y hay ratos que me impide respirar. Intento olvidar que existe pero ahora es imposible.
Se parece a mí. Me imagino sus dedos minúsculos, cuadrados en las puntas, como los míos, o quizá tenga mi nariz ancha y grandota. Pienso en sus primeros dientes o cuando crezca y empiece a hablar, quizá diga papá, pero será a otro. Esto me martiriza. Me socava. Pero así lo he querido.
He empezado a padecer insomnio. Estoy raro y mi novia me pregunta que qué me pasa. Nada, respondo. Ella es más joven y no quiere tener hijos pero yo tengo uno. Ahora me fijo en los bebés, en la calle, me paro y pregunto a sus madres cuantos meses tienen para hacerme una idea. Solo quiero saber cómo se llama, si come mucho o poco, si va a la guardería. Solo quiero saber cuánto o de qué manera se parece a mí. Solo eso.
La otra noche, estaba en el sofá con el teléfono en la mano, busqué el número de la madre y posé el dedo en la tecla verde de llamada pero, antes de llegar a apretar, mi mujer entró en casa, dejó en la mesa una botella de cerveza y se abalanzó sobre mí dándome besos y abrazos. Con disimulo metí el teléfono entre los dos cojines, y después, me dejé hacer.

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11 comentarios so far
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El exceso de información es una lacra en la vida moderna. Eso, y el que la gente te haga favores que no les has pedido. BRRR…

Comentario por urraca

Ni que lo digas, cuanto más se sabe peor se vive. No hay nada como la felicidad del ignorante.

Comentario por Elena

Qué escena. Yo, la verdad, no sé qué haría, ni cómo reaccionaria, seguramente igual que tu protagonista, lo querría olvidar pero sería imposible

Comentario por Miguel Baquero

Menudo palo, hay cosas que es imposible olvidar aunque creo que te puedes acostumbrar a vivir intentandolo.

Comentario por Elena

Dos personajes en una encrucijada, ella decide develar el secreto y él decide olvidarlo, o al menos intentarlo. ¿Tiene derecho ella a decirle? ¿Tiene derecho él a olvidar? ¿Qué hacer? Un dilema de la vida amorosa en los tiempos modernos… o de siempre. Saludos

Comentario por minicarver

Nunca se sabe qué es lo mejor, pero sí creo que aquí ella es la valiente, y él, el cobarde.

Comentario por Elena

Callar es una buena opción cuando compartir la información solo perjudica. ¿o cuesta más vivir con el “y si hubiera dicho”?
Difícil decisión.
La primera llamada puede ser valiente, la segunda me resulta egoista. No hay buenos ni malos.

Comentario por Altea

Pero ¿y si él hubiera agradecido esa información?
Como bien dices, difícil decisión, aún así opino que es mejor arrepentirse de haber llamado que quedarse con ese “y si hubiera dicho”.

Comentario por Elena

Dificil situación, sobre todo para él. Terminará llamando. Habrá segunda parte??

Comentario por UCOMIN

Lo de sobre todo para él, es relativo. Lo difícil se lo lleva ella.
Yo también creo que acabará llamando. La segunda parte, si la hubiera, es fácil de imaginar.:-)

Comentario por Elena

Elena,sublime y humilde relato, has levantado las sabanas, has despertado lo que un amante deja sin responsabilidad alguna, estas verdades en que el amor está primero, deja siempre con una lágrima de alegría, un regalo divino que solo una madre lo lleva. Dejo una rosa para ti en señal de nuestra nueva amistad.

Comentario por sinBalas




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