Escapismo


El reajuste
10 mayo 2010, 8:31 pm
Filed under: Ficción

Dicen que los cuarenta años es una edad clave. Que se madura. He cumplido cuarenta y dos, y, en mi caso, puedo afirmar que así ha sido. No sé cómo ni exactamente cuándo pero, de repente, me he convertido en un madurito interesante, las chicas jóvenes ya no me miran e incluso me llaman de usted.
En el diccionario lo definen como “pleno desarrollo físico e intelectual”. Bien, esta definición no me convence del todo. Por un lado lo físico no siempre va ligado a lo intelectual. En la madurez, a pesar de que soy atractivo y tengo bastante éxito con las mujeres de mi entorno, mi cuerpo ha empezado a caer y a inflarse, literalmente, y mi polla ya no es la misma con tres cubatas, incluso he protagonizado algún episodio lamentable del que no me acuerdo.
En cambio he notado que mi mente se ha consolidado, la serenidad y la lucidez han aparecido y lo veo todo más claro. Le doy importancia a lo que la tiene, y no dejo que las pequeñas cosas me incordien demasiado. O al menos, es lo que me ha ocurrido a mí. Por ejemplo, ya no me saca de quicio estar en un restaurante y que haya niños a mi lado, y el otro día me caí en la calle y me reí, este hecho hace diez años no me hubiera hecho ni puta gracia. Esto me parece un signo de gran madurez, igual que cuando afirmo algo o actúo, ahora lo hago sin vacilar, para bien o para mal. Y lo mejor es que no me arrepiento de casi nada.
Pero son los pequeños hechos los que me han llevado a confirmar que he cambiado; siendo el mismo, me siento otro. Este año he ido de vacaciones con unos amigos a los que no conocía demasiado. Iba preocupado porque no estoy acostumbrado a compartir espacios ni a hablar durante todo el día, o escuchar. Volví gratamente sorprendido. No sólo me había divertido sino que además no me había alterado más que en un par de ocasiones y conseguí que no se me notara. No estaba harto ni deseando volver.
Y después, vinieron más cosas, ahora, coloco las cosas en su sitio, siempre fui un desastre en cuanto al orden, lavo las toallas una vez por semana (con las sábanas todavía no he madurado bastante), y reciclo hasta el aceite usado. Creo que estoy alcanzando un grado de madurez supino. Me quedan algunas cosillas, sí, dejar de comprar comida que luego tiro, acumular mecheros robados en un cajón, dejar de morderme las uñas, en un hombre de mi edad es vulgar, y sobre todo, dejar de apuntar en una lista los nombres de las mujeres con las que follo. Al principio lo hacía porque eran tantas que no quería olvidarme de ninguna, pero ahora me parece sórdido, una mujer es más que un nombre en una lista. Además, ahora no son tantas, ahora me puedo acordar de ellas sin apuntar su nombre. Me he cansado de cuerpos desconocidos en noches de juerga, y polvos fortuitos. Aún así, sigo contando el tiempo que paso sin follar. No soporto estar mucho tiempo sin catarlo, pero ahora prefiero repetir con la misma, aunque sin abusar. Debería dejarme de “peros” y buscar una relación estable, u olvidarme del sexo. Esto, de momento, no puedo hacerlo, creo que tengo que madurar más. Pero en general estoy bastante satisfecho. Creo que avanzo, lento pero firme.
Llegado a esta edad puedo afirmar que la madurez avanza casi sin sentir, no es agresiva ni invasora. Un día te miras las manos y ves dos manchitas minúsculas que se multiplicarán, y te miras al espejo, y las canas, sigilosas al principio, de repente llegan en tropel; y la tripa, que hasta hace nada era inexistente, ha decidido crecer.
Pero lo que es peor, y eso no se ve, es el pequeño poso melancólico que está aquí dentro, de lo que ya no serás, ni harás, al que evito hacerle caso, más que nada por si me da por hacer alguna locura.

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11 comentarios so far
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No sé si tienes esa edad, pero desde luego lo has retratado de maravilla, en especial en la última frase, eso de mejor ni pensarlo

Comentario por Miguel Baquero

Pues has acertado,porque tengo esa edad, y aunque no soy un hombre supongo que será bastante parecido, o no, porque cada uno vive estas cosas de diferente forma.
Gracias Miguel!

Comentario por Elena

La liberación de dejar atrás la presión de lo que podrías ser!
Que bien relatas la intimidad.

Comentario por Altea

Tienes razón en que es una liberación pero también provoca un pelín de melancolía. Pero en esta vida todo tiene una cara B.

Comentario por Elena

lo que ya no serás… lo que ya no harás… joder no me lo recuerdes que se me había olvidado.

besos y feliz madurez.

Comentario por ángel

jaja, pero bueno siempre hay cosas que seguirás haciendo o pudiendo hacer, 😉

Comentario por Elena

Pensar en lo que me queda por hacer me da una pereza tremenda,vamos que por mí me planto.En cambio,lo que tenía que haber hecho y no puedo ya… eso me jode un poco más.
Lo que me congratula es lo bueno que he hecho.
Y dejemos ya la madurez en paz, joder! que dure mucho que luego viene la vejez.

Comentario por ucomin

Te entiendo pero todavía te queda mucho por hacer! Si no fuera así ya estarías en la vejez, y ni mucho menos.
besin

Comentario por Elena

Un buen día te das cuenta que tienes más años de los que presumes, un detalle por aquí y otro por allá te dejan ver que maduras. Retratas con acierto buena parte de los aspectos de crecer hacia la madurez o quizás hacia la vejez en su primera etapa adulta, pero cada hombre reúne características propias que se ajustan o no a lo que relatas. Pero a este protagonista esto es lo que le pasa y ese es el acierto, sobre todo siendo hombre y tú una mujer. Será que nos conoces? Saludos maduros

Comentario por minicarver

Lo expresas muy bien, y es cierto, cada uno lleva la madurez como puede o sabe. Nunca se acaba de conocer a nadie del todo y generalizar es un peligro pero sí, os conozco bastante. 🙂

Comentario por Elena

si a los cuarenta y dos deja de hacer esas cosas que hacía y empieza a hacer esas otras que no no me quiero ni imaginar cómo era a los veinticinco. madre mía que pieza!! es solo cosa de hombres? por qué no una prota mujer?
mua!

Comentario por irene




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