Escapismo


El internauta
5 mayo 2010, 9:30 pm
Filed under: Ficción

El cigarro consumido en el cenicero, el café ya frío, y ella aporreando las teclas del ordenador, absorta y sonriente. Está en plena conversación con un internauta. No le conoce, no sabe como es su cara pero le quiere, o, al menos, eso parece.
Después de un año sin catar hombre, le hablaron de los portales que hay en Internet para relacionarse. Escéptica e incluso un poco avergonzada, se abre un perfil, sin fotos, por miedo a ser reconocida por alguien. Empiezan las conversaciones insulsas con los demás conectados, las tonterías, las frivolidades, la entretienen lo justo. Siempre que se conecta están los mismos. En pocos días hace amigos y le va pareciendo más divertido, las horas pasan sin enterarse. Ocupa todo su tiempo libre conectando con unos y con otros. Nunca hubiera pensado que su vida social iba a ser exclusivamente con el ordenador.
Después de varios meses así, en una de esas conversaciones, alguien recién llegado a la segunda frase la hace reír. Un chico chisposo que siempre la contesta con gracia y lucidez. Parece un hombre normal pero es interesante, tiene inquietudes. Pronto se escriben en privado. Ella se ríe a carcajadas frente a la máquina. Sus conversaciones son brillantes, de todo y para todo. Se enganchan. Ha llegado un momento que pasa más horas con el ordenador que con nadie. O sea, con él. Los demás ya no le importan ni le interesan. Van intimando, empiezan contándose sus vidas, sin tapujos ni mentiras. Le resulta fácil abrirse ante las teclas, la pantalla la protege. No hay presión ni vergüenza. No tiene que fingir lo que no es ni aparentar nada sencillamente porque él no la ve. Ni la conoce, o sí, la conoce. Varias conversaciones después, él la escribe que la quiere, y ella cuando lo lee solo puede sentir lo mismo. Empiezan a hablar de futuro, hacen planes. Se ilusionan juntos sin estarlo. En ese momento ella propone llamarle por teléfono. Él acepta. Dejan de escribirse y empiezan a hablar dos o tres veces al día. Como una pareja más. Su voz la encandila, la enamora más, la envuelve. Ha llegado el momento de encontrarse, de enfrentarse al sueño. Quiere conocerle sin embargo a él le nota temor y reticencia. No se han visto la cara ya que nada es físico, les llena un entendimiento profundo. Ella ha salido con todo tipo de hombres, altos y bajos, feos, guapos, gordos, flacos. No va, ahora, a poner pegas cuando nadie le ha llegado tan hondo en tan poco tiempo. A pesar de que él intenta alargarlo, primero un catarro, después un viaje de trabajo, el momento se acerca.
Cada vez más ansiosa, imagina a menudo cómo será él. Por las noches, cuando apaga el ordenador y aparece la soledad, piensa en su voz grave de hombre imponente, imagina que la cogerá por la cintura, la atraerá hacia sí, y la besará con pasión. Las fantasías llegan más allá de lo que ella está dispuesta a confesar.
Por fin, tres semanas después de la primera conversación quedan un martes a las ocho de la tarde. Desde que supo la fecha del encuentro vive nerviosa. Es más que una cita a ciegas, es una cita con su futuro.
Ha llegado el día. Ilusionada, lo pasa con un nudo en el estómago. Casi ni come. Se arregla aunque no excesivamente. Va andando a la cita para calmarse, llega puntual, con el corazón frenético. Ha empezado a oscurecer, mira a su alrededor y no ve a nadie. Son las ocho y diez, y no llega. Llevaba dos semanas sin morderse las uñas pero ahora la del dedo meñique ha sido atacada. Empieza a pensar, incluso a desear que no venga. Mira aquí y allá, no ve ningún hombre imponente, ni siquiera atractivo. Casi ni repara en el hombre enano, muy bien vestido, que está cerca de ella y la mira insistentemente. Pasan otros diez minutos, incrédula de que no aparezca, piensa que algo grave tiene que haberle ocurrido. Le llama y el teléfono está apagado. Ya piensa en irse cuando el enano, muy despacio, se le acerca y en un susurro pronuncia su nombre. Casi se desmaya, siente que le falta la respiración y desencajada le mira sin articular palabra. No sabe qué decir. Querría desaparecer. Él aprovecha su desconcierto y suelta: “perdóname, si te hubiera dicho la verdad nunca habrías venido”.
Y tenía razón.
Algo repuesta de la primera intención de salir corriendo, se siente abochornada, y también frustrada, pero consigue decir: “¿tomamos un café?”. No está convencida pero es lo único que puede hacer. Ayer mismo le dijo a ese hombre que le quiere.
¿Le quiere?
Van a un bar. Al entrar les miran. No piden café sino whisky. Están incómodos, se beben el primer vaso casi sin decir nada. Evitan mirarse. Piden un segundo vaso, la conversación empieza a fluir. Poco a poco se relajan. Se van acomodando el uno al otro. Ella ha empezado a ver al hombre que conoce, chisposo y lúcido, con el que ha pasado todo este tiempo. Pronto aparece su inteligencia, su comprensión. La hace reír a carcajadas. Y mientras le mira, con sus piernecillas colgando de la silla, sus dedos gordezuelos agarrando el vaso, esa sonrisa extraña y los ojillos felices, piensa que aunque no sea imponente ni la pueda coger de la cintura, sí puede besarla apasionadamente.
Y, por añadidura, “a hombre enano dotole Dios de rabo”.

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13 comentarios so far
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JAJAJAJA

Es genial!
Que risa me ha entrado al final, jajajajaja.

Comentario por Altea

Ya sabes que en una relación todos los detalles son importantes. 🙂

Comentario por Elena

Este final SÍ me ha gustado, sin duda!!! Me ha encantado el relato, como la vida misma 🙂 Un besito tía

Comentario por Ana

Gracias sobri, sabía que este te iba a gustar! jaja.
besazos

Comentario por Elena

Je je No conocía el refrán de la última frase. De todas formas, yo creo que él hizo mal en no aclararle las cosas antes de la cita

Comentario por Miguel Baquero

Desde luego siempre es mejor ir por la verdad por delante, pero quizá, en este caso, hizo bien en callarse!

Comentario por Elena

:-)))))

Muy bueno. Y encima el enano se lleva el gato al agua. Toma ya!

besos.

Comentario por ángel

El enano, a pesar de engañarla con su aspecto, se la ganó de otra manera así que tenía el premio merecido. 😉
besitos

Comentario por Elena

He comenzado de forma cotilla con la extraña sensación de ser más bien una historia revivida que un relato y he terminado con una sonrisa envidiosa. Me ha gustado el contraste.

Comentario por Jose

Gracias Jose, la verdad que a día de hoy muchos de nosotros se deben sentir identificados, en algún aspecto, con lo que cuenta.

Comentario por Elena

Si lo que diferencia una mujer fea de otra guapa son dos copas….. pues esto lo mismo.
Pero menudo papelón.
Me gusta mucho.

Comentario por ucomin

enano listo!!! jajaja.yo tampoco hubiera dicho nada
…no decías que me querías…?
ole ole, buen final

Comentario por irene

Curiosísimo. Te juro que no lo había leido antes, es tanta la similitud, sobretodo en el apartado de lo físico, que parecieran relatos gemelos, el Sí y el No de la misma historia.
Te dejo comentario en la actualidad, para hacerte saber que leí este.
Gracias por mandárme la url.

Salud.

Comentario por Juanma




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