Escapismo


El extraño pasajero
1 mayo 2010, 8:16 pm
Filed under: Ficción

Un día y una hora estuvo llorando cuando se enteró de que estaba embarazada. Apareció un miedo irracional a lo que le iba a ocurrir a partir de ese momento. Había sido un descuido tonto y ahora su pareja, estaba ilusionado. Pero ella tenía miedo, a todo. Tardó treinta días en asimilarlo, sin aspavientos. El embarazo le resultaba extraño, como algo sobrenatural. Al principio no notaba nada, se encontraba bien y hasta olvidaba que iba a tener un hijo. Por las noches, cuando pensaba en ello no conseguía dormirse. Y le daba la impresión que todos esperaban de ella alguna actitud en concreto, una especie de alegría infinita que, ni por asomo, sentía.
Los meses pasaban lentos, llenos de médicos, análisis, preguntas y llamadas de teléfono, y carencias, muchas, no fumaba apenas, no comía grasas para no parecer un tonel, no bebía alcohol y follaba poco. A veces notaba algo moviéndose dentro, sin identidad, y le daba grima. Ella no sabía que sentir. A ratos ilusión, a otros disgusto porque su vida iba a cambiar, aunque no supiera cómo exactamente. Cuando se tumbaba en la cama, en su barriga sobresalían pequeños bultitos en un lado o en otro. El padre disfrutaba de aquello, y decía: esto debe ser el codo, o la rodilla, ella se limitaba a mirar con cierta aprensión. Frente al espejo, le gustaba verse las tetas grandes, pero al echarse crema procuraba no mirar la piel tirante de la tripa, como si fuera a reventar en cualquier momento.

Ahora, la familia, los amigos, el trabajo, todo era secundario, lo principal y casi único era el niño, que no todavía no estaba. Todos revoloteaban a su alrededor y a ella le resultaba agotador. También esperaba que apareciera ese sentimiento maternal, lo que otras mujeres sentían o decían que sentían. Se apuntó a las clases de preparación al parto. El primer día fue el último. Todas las mujeres a las que escuchó, le parecieron necias y ñoñas, incluida la matrona. Hablaban de que el dolor del parto era bonito, o que leían cuentos a sus barrigas, y hasta explicaron lo que era una tijera roma. Le pareció todo un disparate. En ese concurso de la mejor madre ella no iba a participar.

Nueve meses eternos esperando algo sin saber lo que va a traer consigo, haciéndose preguntas constantes, con diez kilos más encima y planes inciertos. Casi un año de su vida, con dolor de riñones, miedos y contradicciones internas. Miedo a que no naciera sano, a que fuera llorón, a no saber qué le pasa. Y ganas de ponerle cara a un nombre.
Por fin llegó el día en que aparecieron los dolores, eran las seis de la mañana, despertó a su marido porque en seguida le resultaron insoportables. La llevaron a una camilla y la metieron agua tibia por el culo con la recomendación de que aguantase mucho tiempo, esto la resultó tan desagradable como cuando la rasuraron el pubis con una cuchilla en seco, haciéndole cortes. Entre los dolores, el váter y la cobardía no encontraba un atisbo de esa felicidad tan anunciada. Cuando la pusieron la anestesia se sintió mucho mejor, aunque lo que quería era acabar cuanto antes y que el pasajero que llevaba dentro terminara su viaje.
Por fin llegó el momento de ir al paritorio, se encontró un lugar frío e inhóspito, y ella estaba muerta de miedo. A su marido no le dejaron entrar.
El parto, sin dolor alguno, le resultó bestial. Rodeada de médicos y enfermeras, con el constante empuje, y unas luces blancas que la cegaban, el niño parecía no querer salir. Un médico-animal vestido de verde se subió a su barriga, empujaba con los brazos hacia abajo, con su cara roja por el esfuerzo. El otro médico-animal, frente a sus piernas abiertas, le jaleaba. Ella sin gritar, sólo decía tacos, y el médico se reía de sus improperios. Pero ella no reía. Estaba en una pesadilla con sangre incluida. Con la conciencia de que llevaba allí horas, cuando probablemente fueron minutos, notó como salía algo de ella, de repente sin la menor dificultad. Como una anguila. Le enseñaron, de lejos, un cuerpecillo sanguinolento que hacía amago de llorar. Se lo llevaron a algún sitio mientras acababan de hurgarla a ella. Media hora después, ya zurcida, y con su marido al lado, le llevaron un bultito envuelto y lo depositaron en sus brazos casi inertes, le dijo un hola muy débil y se echó a llorar. Pero, aunque todos pensaron que sí, no era de felicidad. La respuesta estaba ahí, ese cuerpito arrugado tan real e inevitable. Ya estaba aquí el extraño pasajero. El niño más que llorar, gruñía. Ella, lloraba en silencio. Tenía que hacer frente a un reto constante con la más absoluta ignorancia. Sintió como si una plancha de granito le hubiera caído encima. Después de eso, lloró durante dieciocho días y al día siguiente empezó a quererle.

Anuncios

12 comentarios so far
Deja un comentario

¡Qué realismo! Nunca había visto una narración de un parto como la que has hecho. Tienes tanta razón cuando explicas como la matrona te dice lo bonitos que son los dolores, o lo gracioso que los médicos encuentran tu sufrimiento lleno de palabras malsonantes. Enhorabuena, y en cuanto tenga un minuto, leeré más relatos. Un beso.

Comentario por Marigem

Gracias Marigem, por visitarme y dejar tu opinión. A mí nunca me gustaron las matronas, jeje.
Besos

Comentario por Elena

Ya era hora de que alguien se atreviera a decir lo que (creo) les pasa a un porcentaje elevado de embarazadas y que nunca sale a la luz porque socialmente es inaceptable que no estés exultante de felicidad…

Comentario por urraca

Sí, en el tema de la maternidad y niños, abunda lo políticamente correcto, y a mí todo eso me parece falso y aburrido.
¡Gracias por tu comentario!

Comentario por Elena

Completamente de acuerdo con Urraca. Siempre me gustó tu visión acerca de la maternidad. No entiendo porqué la maternidad hoy en día se toma como un juego bello que todas tenemos que vivir con alegría y no como lo que es: Una experiencia dolorosa llena de sentimientos encontrados que seguro que debe tener sus cosas bonitas, pero también muchas y (más) feas. Gracias por contar las cosas como una humana Helen! Mua.

Comentario por Fus

Gracias Fa, tú también lo has descrito muy bien, aunque me juego el cuello a que muchas mujeres lo leerían y no estarían de acuerdo conmigo. Incluso me criticarían por hablar así de la maternidad, jeje.
beso

Comentario por Elena

Bueno, bueno. Como lea este relato aquella que no le gustó el erótico, ya verás… uhuhuuuuh.

Si lo lee esa…me lincha!

Comentario por Fus

Muy bueno!
Me encanta!
Me encanta tu cruda realidad.
Enhorabuena.

Comentario por Altea

La verdad es que es fácil, la realidad es cruda tantas veces…
¡Gracias Altea!

Comentario por Elena

Que labor de parto y de embarazo tan duro describes. Una experiencia de la mujer, que nosotros los hombres no tenemos. Buen relato

Comentario por minicarver

Tengo que decir que en este caso me pudo la subjetividad. Gracias por tu comentario!

Comentario por Elena

es lo que tiene el pánico, que no te deja disfrutar de lo bueno de la situación, hasta que la aceptas y empiezas a hacerlo. arriesgado tratarlo en relacion madre-hijo, pero es lo que hay!
me ha gustado mucho, muy sincero.

Comentario por irene




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: