Escapismo


Resentimiento
24 abril 2010, 8:11 pm
Filed under: Ficción

Subió los escalones respirando hondo. En seguida le encontró en el salón, sentado en una butaca. Él también la había visto.

– ¿Me has traído los huesos de aceituna? – preguntó con los ojos muy abiertos y agitando las manos.
– No, papá, se me han olvidado.

El anciano la miró con cara de reprobación. La hija se sentó a su lado pero ni le dio un beso ni le tocó, solo le miró condescendiente. Desde hace ocho meses las cosas eran así. Al quedarse viudo, la demencia senil apareció y le tuvo que ingresar en una residencia. Y él parece no perdonárselo. Aunque hay otras muchas cosas que la hija no le perdona a él. Así que están, más o menos, en paz.

– ¿Por qué no me llevas a ver a Felipe?
– ¿A dónde papá, y quién es Felipe?
– ¿No te acuerdas de él, que le metieron en la cárcel?

Ella sabía bien que Felipe no existía. El mes anterior había sido Cristóbal. El padre, tan aferrado a lo tangible, ahora creaba su propio mundo, imaginaba dónde o con quién trataba. Ella le seguía la corriente, no tenía ánimo para intentar razonar con él.

– Felipe ya fue liberado y se marchó fuera de Madrid.
– Menos mal, cuánto me alegro – y se quedó conforme.

Desde que entró en la residencia, la hija iba a verle muy poco y él, si estaba de mal humor, le decía que no tenía vergüenza, que llevaba varias semanas sin aparecer por allí. Pero ella nunca tenía ganas de ir a verle, se buscaba excusas constantes para no ir por allí, y cuando lo hacía, miraba a su padre y no sentía gran cosa por él, eso la hacía sentir abatida.

– Papá, ¿qué has comido hoy? – le preguntó ella por hablar de algo.

Él no contestó. Ella no paraba de mirar el reloj. Tenía ganas de salir de allí.

– ¿A qué hora te vas?
– ¿Quieres que me vaya?
– Sí, es la hora de la cena.
– Papá quedan dos horas para la cena.
– Eso es lo que dices tú, que no sabes nada de nada.

Ella le observó en silencio, su cara siempre recia ahora era blandita y, en muchas ocasiones, angustiada, como un niño que no entiende nada. Sus ojos miraban el infinito, o a ella, pero como si fuera una extraña. Ni un atisbo de cariño, ni un poco de ternura. A los quince minutos de estar allí, el viejo se echó a llorar, lo hacía casi siempre que iba a verle, era un llanto hondo. Siempre era por su mujer, qué dónde estaba, qué por qué le había dejado allí solo. Y a ella, solo en esos momentos, le daba pena, y le cogía la mano fofa. Y se acordaba de las bofetadas que le había dado, los castigos por cualquier cosa y cómo le minó la autoestima en la adolescencia. Toda la vida marcada por un padre autoritario y castrante. Le soltó la mano. En cuanto el viejo se calmó, volvió a mirar el reloj y se despidió de él con un roce en la cabeza. Él ni la miró.

Salió a la calle, miró los árboles con sus hojas tan verdes y suspiró con alivio. Bajó la escalera de la residencia, con tan mala suerte que tropezó y cayó rodando, dándose un fuerte golpe en el costado izquierdo.

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10 comentarios so far
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Tía, me ha gustado mucho mucho todo el relato, inspirando entre rabia y tristeza…pero por primera vez el final me ha dejado fría…me ha dado la sensación de que no te apetecía seguir escribiendo jeje. Por lo demás, genial! Como siempre…un besito, te quiero

Comentario por Ana

Pues escribir siempre me apetece, así que no ha sido por eso. Sí, quizá es un poco frío, pero siempre se puede mejorar, le daré una vuelta!
Gracias sobri!
Muchos besos

Comentario por Elena

El final a mí me gusta. El relato me sienta mal, lo que está muy bien. Mejor que me siente mal a que no me haga sentir nada. ¿Se cae, tú crees, por algún oscuro sentimiento de culpa? ¿Tipo: SE lo merece? Espero que no, jo. De todas formas, qué complicadas son las relaciones con los mayores en una Residencia. Bueno, que me ha gustado Helen. Bess.

Comentario por Fus

Con la caída quería expresar que nada es fácil con los padres, que aunque tenga resentimiento, también duele el no sentir casi nada por tu padre. O sentir rencor. Gracias neni. Mua.

Comentario por Elena

Creo que por eso me sentaba mal el relato, ay.

Comentario por Fus

Relaciones forzadas, el engaño de la obligación de la sangre.
Que triste y que bien descrito, sin adornos.
A mi si me gusta el final, y el principio.

Comentario por Altea

Las relaciones familiares tan obligadas y tan complicadas pero tan necesarias a veces. En fin, un lío.
¡Gracias Altea!

Comentario por Elena

A mi me ha gustado igual q esas pelis con las q lo pasas mal pero precisamente ahí tienen su secreto: te conmueven. Y me ha hecho recordar una q vi hace poco q va un poco de esto mismo. “En los límites de la realidad” se llama. Con Fernando Fernán Gómez bordándolo de abuelo senil. Os la recomiendo como complemento al relato.

besitos, elena.

Comentario por ángel

Sé que película dices, muy triste, bueno la vejez tal y como la presento aquí es triste, esperemos que la nuestra sea alegre y dicharachera, seguro que conociéndonos así será.
besos, que hace mucho que no decías nada!

Comentario por Elena

cuando se muera el padre se sentirá aliviada, por haberse librado del trasto, y mezquina, por haberse librado del trasto.
que jodido!

Comentario por irene




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