Escapismo


Hay que cuidar el jardín
31 marzo 2010, 10:34 am
Filed under: Ficción

El hijo adolescente entra en casa y mira a su padre que, como todos los días, anda dedicado a sus plantas. Las riega, las poda, las trata con mimo. El hijo piensa que estaría bien ser un geranio. Le saluda con la mano y el padre, como contestación, mueve la cabeza un poco. Se mete en su cuarto, se tumba en la cama con sus cascos de audio y mira al techo. Y piensa que su vida es una mierda y que a nadie le importa. Desde que murió su madre, hace ya tres años, se siente insignificante. No le gusta el instituto. Siempre se burlan de su cara llena de espinillas y su extrema delgadez. Por más que come no engorda. Se mira en el pequeño espejo que tiene encima de la cama, ve ese bigote a medio crecer en su cara angulosa; se toca los granos emergentes, que no sabe qué hacer con ellos. Se siente feo. Su timidez tampoco le hace popular entre los compañeros. Solo cuando coge su skate y echa a correr por la ciudad se siente libre y poderoso. Se pasa horas encima de esa tabla, y ha aprendido a hacer piruetas. Pero hoy llueve y no puede salir.
El padre le llama para comer. Se sientan a la mesa con la tele de fondo para que no se note tanto el silencio. El padre le pregunta, mirando al televisor, por sus clases, él contesta lacónico: bien. No le dice que hoy le han expulsado del examen de matemáticas por copiar, no le dice que el compañero de su izquierda le ha llamado “repulsivo”, tampoco le cuenta que la chica que le gusta se estaba besando con otro. El padre, a cambio, le cuenta que los geranios están cuajados de flores, y que tiene que trasplantar el ficus porque no crece como debiera. También le pide si puede ir, esa tarde, a comprarle abono a la droguería. El hijo le dice que sí y, aprovechando que el padre le ha pedido un favor, él le pide otro: que si pueden ir al estadio a ver jugar a su equipo, el jueves próximo. El padre le dice que no, que tiene partida de tute con sus amigos y que él ya debe saber que nunca falta. El hijo no contesta nada y vuelve a su habitación. Llora un rato, sí todavía llora como un niño. El hecho de que haya cumplido quince años no significa que no pueda llorar aunque siempre lo haga a escondidas. Su padre le llamaría infantil o cualquier cosa parecida.
Sale de su habitación y ve al padre clavando pinchos en la pared para sujetar la enredadera. Baja a comprar el abono para las plantas. Aguanta con paciencia las recomendaciones del florista sobre su uso. El padre, inmerso en su jardín, ni se ha enterado que ha bajado a la calle. Le deja el fertilizante en la puerta de la terraza.
Al rato le pide permiso para ir a casa del vecino a jugar a la consola. El padre le dice que estudie, que ya tendrá tiempo el fin de semana. Y con estas palabras a modo de despedida se marcha a su partida de tute semanal. El hijo pasa el resto del día solo. No estudia nada, ve la televisión y se hace un bocadillo. Para concluir el día, se masturba en el sofá pensando en esa chica que hoy se besaba con otro, lo mancha un poco pero ni se molesta en limpiarlo.
Por la mañana, el hijo está desayunando en la cocina. El padre, cuando se levanta, lo primero que hace es salir a la pequeña terraza a mirar sus plantas. Cuánta será su desolación cuando las ve, a todas, demasiado mustias, como muertas. Los geranios cuelgan por fuera de sus macetas y los pensamientos han quedado reducidos a una masilla compacta color morada. Por no hablar del ficus, cuyas hojas descansan sobre el suelo.
Mira al hijo a los ojos, y éste consigue sostenerle la mirada.

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8 comentarios so far
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Profundo. Da mucho que pensar a los que tenemos hijos adolescentes.
Besos.

Comentario por UCOMIN

Ni que lo digas, y si tenemos plantas más, 🙂

Comentario por Elena

Me encanta el final. Tensión. Sube aún más el relato que, con sus frases cortas y su presente constante, lo hace muy cómic. Felicidades una vez más!

Comentario por Fatima

Gracias neni! Tienes razón, quedaría muy bien en viñetas. Podía animarse alguien.
besos

Comentario por Elena

Me encanta el tono que tiene al escribirlo en presente. La historia llega mucho mejor porque suena mucho más terrible.
Besos, guapa.

Comentario por Ainhoa

Gracias guapita, la adolescencia en general es terrible para el propio chaval y para los que le rodean. Me alegro que te haya gustado.
besitos

Comentario por Elena

Buen relato… reflexivo. Tengo en casa dos adolescentes y se lo duro que es lidiar contra esa etapa, pero es ley de vida, todos pasamos por ella. Lo dicho Elena, muy buen relato.
Un beso.
Rosi (Lucía)

Comentario por Rosi

supongo que hay otras formas de comunicación pero me ha encantado esa llamada de atención por parte del chaval!

Comentario por irene




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