Escapismo


La huida
15 marzo 2010, 1:29 pm
Filed under: Ficción

Él, cuando se trata de la bicicleta, es dedicado, tenaz. Entrena todos los días, se pone retos. Y los cumple.

La pena que siente hoy le va a llevar al puerto más alto de la sierra. Necesita esforzarse, ha roto con su novia. Ella le ha dejado por otro. Sólo cuando se sube a esa bicicleta, y se concentra en su esfuerzo y superación, se olvida de todo. Después de equiparse cuidadosamente, a las ocho en punto de la mañana, se acomoda en el sillín y empieza suave. Hace sol y una brisa fresca que no le da en la cara. Todo es perfecto para una carrera en solitario. Sin presiones ni rivalidad, solo con él mismo.

Al principio pedalea con esfuerzo, se siente abatido, sin fuerzas para coger velocidad. De momento todo es llano, está pasando por todas las urbanizaciones de las afueras del pueblo, pasa por el parque, la fuente, lo va dejando todo atrás. Lugares comunes, y ahora grises. En su mente la ruptura también se va diluyendo, se siente más ligero y los pedales empiezan a ir a un ritmo considerable. Tras un rato por el arcén, coge la senda para ciclistas a través del bosque. Le encanta ese lugar solitario, sombrío y vivo. Casi como está él esa mañana. Pronto cambia el paisaje, ha empezado a subir, tras meter la marcha le da un nuevo empuje, con más ganas. Le rodean bosques de hayas, salpicados de casas aisladas. Las gotas de sudor ya le caen por las sienes, por las axilas. Es cuando se siente mejor, el esfuerzo se hace evidente. Pedalea con entusiasmo, casi contento a pesar de todo. Subido a esa bicicleta su vida se le hace emocionante

Para a beber agua, y se congratula, lleva dos horas sin pensar en nada. Pero ese bosque le recuerda momentos más alegres. Nuevas sombras se le echan encima, otra vez esa pesada tristeza. Se monta de nuevo y continúa su ruta. Ahora, pedalea a una velocidad impropia para ese paisaje. El corazón le late deprisa, su respiración acelerada. El bosque queda atrás y aparecen esas enormes rocas y el sonido del agua, a su novia le encantan los ríos. Le da más caña todavía. Va cuesta arriba, el aliento entrecortado, las piernas duras, empapado de sudor. A la vista de cualquiera puede parecer exagerado su esfuerzo, su tesón. Pero él lo necesita. Y siempre surte efecto, la bicicleta consigue que los problemas se hagan pequeños. Es su terapia.

Cuando empieza a notar fatiga ve el final de su ruta y sabe que lo siguiente es cuesta bajo. Llega a la punta del pico, agotado, aunque satisfecho. Baja de la bicicleta y estira los músculos despacio, uno por uno, respira hondo. Y no piensa en nada, no se lo permite. Una corneja le observa desde una piedra.

Tras descansar un rato, vuelve a montarse con el ánimo más templado. La vuelta es suave, se siente relajado. Cuesta abajo va ligero. Las cosas pueden estar mal pero por eso mismo siempre irán a mejor. Durante todo el camino, a un buen ritmo, se siente optimista y más seguro de sí mismo. La frente ahora está más lisa, las gotitas de sudor ya no inundan los frunces, tiene que parar dos veces a secarse porque le escuecen los ojos. Sus mandíbulas ya no están apretadas.

Llega a casa, limpia la bici con detenimiento, la deja reluciente y la guarda tapada con una funda. Se quita la ropa sudada, y se mete en la ducha con sensación de bienestar. Después, en el instante que se abrocha el último botón de la camisa, se da cuenta de que la tristeza no se ha movido del sitio. Se deja caer en el sofá y se consuela pensando que sólo tiene que esperar a mañana a las ocho en punto.

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15 comentarios so far
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Y es que a veces, por mucho que huyamos, la tristeza se instala en nuestras vidas y no nos la arrancamos de ninguna manera. Muy buen relato. Leyéndolo se me ha ocurrido una idea, ya te la comentaré.

Comentario por Raül Pere

Gracias Raúl, la tristeza, y más por una ruptura sentimental, solo la cura el tiempo.
Me encantan tus ideas así que estoy deseando saber de qué se trata.

Comentario por Elena Azcárate

Anda que no he visto gente así cuando hacía mis marathones en contra de la soledad. El deporte tiene algo bueno y algo sombrío. Eso sí. Acompañar, acompaña. Muy guay Elena. Besos!

Comentario por Fatima

Al lado sombrío no he podido llegar, nunca he corrido peligro. Pero cuando se vuelve adictivo deja de ser bueno, ¡como todo!
besazos

Comentario por Elena Azcárate

Bueno, al final acabará dejando la pena en cualquier curva, se le caerá sin darse cuenta. Hay que seguir pedaleando

Comentario por Miguel Baquero

Es verdad Miguel, cualquier día te levantas y la tristeza es menos pesada, hasta que desaparece.

Comentario por Elena Azcárate

No se cómo decirlo, lo que me dice este relato es que el personaje huye no sólo de la tristeza, sino de muchas cosas más, y me da la impresión de que quizás si pusiera el mismo empeño en sus relaciones que el que pone en la bicicleta no encontraría esa necesidad de salir huyendo. Por cierto que eso de salir huyendo es un impulso que a mi, y más últimamente, me asalta muy a menudo. Besitos¡

Comentario por Maria1

La huida es lo más fácil, es mucho más duro enfrentarte a tu realidad, a tus sentimientos, a tu vida en general…
Lo tuyo es temporal,jaja, lo peor es cuando se convierte en una forma de vida.
besos

Comentario por Elena Azcárate

Es como cuando piensas en irte a otro país, en cambiar de vida… así parece que dejas todo atrás, pero nadie puede evadirse de uno mismo, ni en un pueblo de la sierra ni en Miami!en fin, muy bien… aunque, me ha recordado a rubén por lo de la bici, ja, ja!

Comentario por Latere

Es que dejar atrás una pena es algo muy complicado y cuando parece que lo has hecho, reaparece sin avisar. A mí me funciona mejor el alcohol, que puede que no sea muy beneficioso para la salud, pero es que, debido a una escoliosis, el médico me prohibió montar en bici a los once años. En fin…
Besos, guapa.

Comentario por Ainhoa

Yo también soy de alcohol, y, aunque las secuelas son peores, el efecto es más inmediato!
besos.

Comentario por Elena Azcárate

Yo también tengo una bici. Precioso blog Elena. UN ABRAZO

Comentario por Rober

Gracias Rober. Y espero que la bici también te saque a ti de las penas.
un beso

Comentario por Elena Azcárate

Un relato que refleja la angustia, como bien dice su titulo “la huida” se intenta, pero permanece inamovible a tu lado… hasta que ese equipaje que llevas en la bici, va desapareciendo… pedalea y va perdiendo cosas en el camino… inseguridades… pero creo que cuando de nuevo suba en esa bicicleta, podría tener una nueva compañera de viaje… se podría llamar “ilusión” ¿qué te parece?
Un beso Elena.

Comentario por Rosi Serrano

De la pérdida a la ilusión hay un trecho, como dice otro comentario solo hay que seguir pedaleando. Gracias por tu visita, Rosi!
un beso

Comentario por Elena Azcárate




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