Escapismo


Sospecha
5 marzo 2010, 11:04 am
Filed under: Ficción

Después de limpiarme bien los zapatos en el felpudo, giré la llave dos veces, entré en casa, subí las persianas y me fui a cambiar de ropa. La colgué cuidadosamente en la percha y justo cuando me estaba calzando las zapatillas, sonó el timbre. Qué raro, pensé. Nunca tengo visitas.
Abrí y me encontré de frente a un hombre con gabardina, desgalichado y con cara de aburrido que me dijo:

– ¿es usted el Sr. Rens?
– En efecto, soy yo, ¿qué desea?
– Soy inspector de policía – y me enseñó una placa.

Solo esas palabras me alteraron, nunca había llamado un policía a mi puerta. Ni tan siquiera tengo una multa de tráfico.

– ¿Conoce a su vecina la Sra. Snub?
– Claro que la conozco, somos vecinos desde hace veinte años.
– ¿Cuándo la vio por última vez?
– Déjeme recordar…ayer por la noche, yo siempre bajo la basura las diez, y a veces me la encuentro. Pero solo nos saludamos.
– Pero ¿qué ha pasado inspector?
– Aquí las preguntas de momento las hago yo.
– ¿La notó rara o distinta?
– No.

No sé porqué contesté eso, la verdad es que la noté muy arreglada para bajar la basura. Más de lo habitual. Pero me gustó mentirle.

– ¿Escuchó o vio algo anormal?
– No, este edificio es muy tranquilo.
– ¿Y después de bajar la basura, volvió a salir del piso?
– No, me acosté en seguida.
– ¿Puede alguien corroborar eso?
– No, inspector, vivo solo y no tengo muchas amigos, por no decir ninguno.
– ¿Me puede decir por qué me hace todas estas preguntas? – insistí.
– Su vecina apareció muerta de forma violenta, justo ayer.
Me quedé paralizado.
– ¿Soy sospechoso? – acerté a decir.
– De momento no hemos llegado a ninguna conclusión, pero le rogaría que esté localizable. Otro vecino cree haber visto a un hombre esa misma noche.

Ya no volvería a oler el perfume de mi adorada vecina, esa dulce estela que dejaba en la escalera. Ya no volvería a sentir inseguridad cada vez que me cruzaba con ella. Me costó dormirme y, cuando lo hice, soñé con ella. Un crimen siempre impresiona.
Por la mañana noté que estaba alterado, el simple hecho de poder ser sospechoso me produjo cierta euforia. Bajé las persianas, di dos vueltas a la llave y me fui al trabajo. Hablé de ello en la oficina, a la hora del café conseguí hacer corrillo. Todos escuchándome solo a mí. Era el protagonista de algo por una vez en mi vida. A la hora de la comida varias personas quisieron sentarse a mi lado.

Esa misma tarde el inspector volvió, me pidió la ropa y las zapatillas que llevaba el día del asesinato.
Volví a preguntarle:
– ¿soy sospechoso?
– Solo queremos descartarle.

Cuando se marchó, estuve fantaseando toda la tarde sobre el asunto, mi mayor ilusión era ser sospechoso. Me imaginaba en una rueda de reconocimiento, o a los policías registrando mi casa con una orden; o incluso que me miraban debajo de las uñas a ver si encontraban piel de la víctima, aunque nadie me hubiera dicho que apareciera arañada ni nada por el estilo.
El inspector tardó dos días en reaparecer. Esas cuarenta y ocho horas estuve insultante. Era tarde cuando llamó a mi puerta:
– Solo vengo a decirle que el asesino ha sido detenido. Su ropa se la enviarán mañana.
– Pero entonces, ha terminado todo. ¿No hay posibilidad de que sospechen de mí?

Me miró desconcertado.

– En realidad en ningún momento ha habido indicios de que usted estuviera relacionado con el crimen. Todo apuntaba a su ex-marido.
Le miré callado, supongo que con la decepción reflejada en la cara.
– Por supuesto le agradecemos su colaboración en todo momento – añadió.

Cuando se marchó, sentí un vacío mayúsculo. Fui a mi cuarto y saqué de un rincón del armario una bolsa con la ropa y mis zapatillas viejas. Eran las diez, mi hora de sacar la basura.

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8 comentarios so far
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Un cuento buenísimo. Y qué manera de disimular. Jamás hubiera pensado que el protagonista tuviese algo que ver. Ls lástima es que ya no podrá lucirse en el trabajo… hasta la próxima.

Comentario por Miguel Baquero

¡Es un lobo con piel de cordero!
Hay tantos…

Comentario por Elena Azcárate

Pavor me da imaginarlo intentando llenar ese vacio que es un pozo infinito. Ya no me voy a atrever a sacar la basura a las 10, jajaja.
Besitos

Comentario por Maria1

Cuánto hemos hablado del vacío, ese que nunca acaba de llenarse por más que lo intentemos, mejor asumirlo y aceptarlo. Pero nunca intentar llenarlo matando a alguien, jaja.
besos

Comentario por Elena Azcárate

pq sentía inseguridad?

Comentario por pepis

Sentía inseguridad porque la vecina le gustaba. Y porque, por lo menos es lo que he intentado transmitir, es un hombre gris y socialmente poco correspondido.

Comentario por Elena Azcárate

Me gusta, pero éste si que se me hace corto….
Este es para que empieces con los relatos largos.

Comentario por ucomin

Sí, este puede tener más chicha. Todo se andará.
besín

Comentario por Elena Azcárate




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