Escapismo


El seminario
18 febrero 2010, 2:04 pm
Filed under: Ficción

Es un seminario tedioso. Y mi jefe me ha obligado a venir porque lo había pagado y él no podía. Yo solo soy la auxiliar administrativa y no me interesa lo más mínimo escuchar una charla sobre dirección comercial. Tengo que aguantar cuatro horas como sea. Después de morderme todas las uñas y quitarme alguna pelotilla de la chaqueta, me dedico a observar a los asistentes. Justo en frente tengo a una mujer joven con cara de panoli que se arranca los pellejos de los labios. A su derecha un chico muy moderno, con gafas de pasta y una camisa de dibujos abstractos, es el único que parece interesado en la exposición del ponente. A su lado está un ejecutivo maduro, que intenta controlar sus bostezos, mientras hace dibujitos en un papel. Y a su izquierda un hombre mayor, canoso y bronceado, con muy buena pinta. Cuando poso mi mirada en él me topo con la suya, me dice con los ojos que también está aburrido. Una media sonrisa asoma en su cara. Yo le respondo. Por lo menos me saca veinte años. Va impecable y se le ve que tiene clase. No puedo evitar fijarme en el Rolex de oro que lleva en la muñeca. Aprovecho un momento que él deja de mirarme y me desabrocho un botón de la camisa, no sé por qué lo hago pero lo hago. Voy más allá y cuando vuelve a mirarme pongo los codos sobre la mesa y ahueco el escote de modo que pueda verse el encaje de mi sujetador negro. Surte efecto, la siguiente mirada se dirige a mi canalillo. Y después, a mis ojos otra vez. Ahora le sonrío yo. Nunca he ligado con un hombre tan mayor, lo que hace el aburrimiento. Quedan dos horas de reunión así que en algo tengo que ocupar el tiempo. Me pongo provocativa, me agarro el pelo y me lo echo a un lado, me toco el lóbulo de la oreja. Me paso el dedo por los labios. Y luego la lengua. Él ya no me quita ojo. Nunca me había planteado excitar a un viejo pero creo que lo estoy consiguiendo. Hace rato que ninguno de los dos presta atención a los paneles sobre marketing y ventas.
Por fin el ponente se despide agradeciendo nuestra asistencia. Recojo mis cosas, agachándome de forma exagerada para que él pueda ver lo que hay debajo de mi camisa. Siento que he triunfado. Cuando salgo de la sala, él se acerca y me invita a una copa. Le digo que sí, y vamos al bar del hotel donde estamos. Creo que me he metido en un lío, ahora el juego empieza a ser peligroso. Nos damos dos besos y puedo apreciar su perfume, es caro, de eso no tengo duda.
Resulta ser un hombre agradable, rico, conversador y educado, y para colmo se ríe de mis ocurrencias. A la segunda copa me resulta muy atractivo, a la tercera, casi irresistible. Poso mi mano en su rodilla cada dos por tres. A la cuarta copa me dice sin reparos si cogemos una habitación para tomar la última tranquilos. Yo dudo solo porque el hotel seguro que es carísimo, él parece darse cuenta porque dice: hoy pago yo. El recepcionista nos atiende muy amable aunque me parece notar cierto sarcasmo en su sonrisa.
Ya en la habitación nos servimos otra copa que ni terminamos. Me hace sentir atractiva, que un hombre de esa elegancia y ese nivel social se fije en mí no me había pasado nunca. Yo soy de ligarme al frutero del mercado, al vigilante del banco, incluso una vez me ligué a un abogado pero no es lo normal, y además me dejó en seguida.
Me acuesto con él y el hombre mayor se porta como un hombre joven. Y yo termino muy satisfecha. Estoy segura que él también. Después me besa y abraza hasta que nos quedamos dormidos.
Por la mañana cuando se levanta de la cama y veo su cuerpo viejo, arrugado y su culo colgando, estoy a punto de salir corriendo pero me acuerdo de su reloj, de su traje, de sus zapatos caros, miro la suite en la que me encuentro y me digo que no hay que poner tantos reparos. No es momento de ser tiquismiquis.
Cuando él sale de la ducha, me vuelve a besar. Entro en el cuarto de baño contenta por la nueva conquista, por fin voy a salir con un hombre rico que me va a colmar de caprichos. La edad ha dejado de tener importancia. Cuando salgo, él no está, pienso que habrá bajado a comprarme flores o algún detalle. Mientras le espero miro la habitación con detalle, lo toco todo, abro los armarios, los cajones, me guardo el bolígrafo del hotel que hay en la mesa, y los elegantes frasquitos del cuarto de baño. Fumo un cigarro, y otro pero él no vuelve. Me canso de esperar y bajo, pregunto por él, y el recepcionista, que es el mismo de la noche anterior, me dice que el señor pagó la suite y se marchó. Le pregunto si me ha dejado algún teléfono o recado.

– Ninguno – contesta.

Y me echa una mirada de lástima, o al menos, eso me parece a mí.

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2 comentarios so far
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Esta historia no podía terminar bien. Bueno, en realidad ha terminado como debía, entonces bien.
Por lo menos se lo pasó bien con el viejo, que no es poco.
Bueno relato corto, no se me hace que sobre ni que falte nada.

Comentario por ucomin

Podría haber sido una historia de amor con final feliz y encima con un rico, pero esas cosas pasan pocas veces. Sí, el disfrutar ya es algo, una alegría pal cuerpo!

Comentario por Elena Azcárate




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