Escapismo


Nadie es perfecto
1 febrero 2010, 1:13 pm
Filed under: Ficción

Suena el teléfono, y, como todos los días desde hace un mes, me sobresalto y siento una bolita en el estómago. Es ella, me llama para decirme que quiere hablar de algo importante. Quedamos en su casa a las siete. Tengo dos horas, pongo un disco de boleros para relajarme. Me afeito y me ducho. Elijo con cuidado la ropa y me perfumo. Quiero estar perfecto para escuchar lo que creo que me va a decir.
Al final salgo con el tiempo justo, el ascensor está ocupado, es la vecina del quinto con el cochecito del niño, doy unos golpes en la puerta para que se apresure, ¿por qué tiene que tardar tanto en bajar o subir?, eso sin contar lo que llora la criatura, ¿por qué la gente se empeña en tener hijos cuándo son tan molestos?
Bajo por las escaleras y salgo a la calle. Hace una tarde espléndida, al cruzar por el parque, noto un impacto en mi pecho. No me ha dolido pero me ha asustado. Veo a un niño riendo mientras percibe mi desconcierto. Me miro y veo una gran mancha mojada en mi camisa impoluta,
¡¡Niño!! – le grito – pide perdón por lo menos.
El niño se limita a mirarme con insolencia. Le daría una bofetada por maleducado, y si pudiera le reventaba la pelota para que no pudiera manchar a nadie más.
Espero que se seque durante el trayecto, quiero estar impecable. Estoy convencido de que me va a decir que se ha enamorado de mí, como yo de ella. Sólo la conozco hace un mes pero nos hemos visto veinticinco días y hemos dormido juntos veintidós. Estoy francamente ilusionado, creo que por fin, tras años de decepciones, he encontrado a la mujer de mi vida. Es perfecta. Los dos en la madurez, ya experimentados y mayores para tener hijos. Sentimos una compenetración total y estamos muy a gusto juntos.
Casi se me escapa el autobús, a correr. No quisiera llegar a destiempo a una declaración de amor. En el trayecto imagino nuestra vida en común. Envejeciendo juntos, tranquilos, sin preocuparnos más que el uno del otro. Ya veo su portal, miro el reloj y veo que son las siete en punto, perfecto. Llamo al telefonillo y me dice “hola” directamente.
¡Qué nervios!
Me miro en el espejo del ascensor y me veo bien. Lo único que desapruebo es una pequeña mancha marrón en la camisa, de la puta pelotita. Pero casi no se nota. Me acuerdo del niño, qué odioso. La puerta está abierta, al entrar me la encuentro, tan guapa, esperándome con una copa en la mano. Me dice: siéntate, y obedezco. No sé que decir pero ella empieza a hablar:
– Te he llamado porque he de decirte algo.
– Ya me imagino lo que es – contesto yo.
– No lo creo.
– Pues dispara.
– Me da miedo decírtelo por si cambia algo entre nosotros.
Esta frase me inquieta, ahora no estoy tan seguro de que vaya a declararse. Aún así, contesto:
– Lo dudo, creo que vamos a estar de acuerdo en todo.
– ¿Estás seguro?
– Sí, venga dime – insisto.
– Tengo un hijo de cinco años.
Me quedo mudo. Noto que mi ánimo cae, de repente. Esto sí que me ha sorprendido.
– ¿No dices nada? – ella me mira con expectación.
– ¿Y dónde está ahora? – contesto para ganar tiempo.
– Con su padre, le tocaba todo el mes, me lo trae pasado mañana.

Soy incapaz de decir nada, todo ha cambiado, era lo último que esperaba, la miro y la sonrío intentando disimular mi desánimo. Me gustaría preguntarle por qué me lo ha ocultado pero ahora es inútil, eso no cambia la realidad. Ella me abraza fuerte, creo que aliviada. Yo también la abrazo mientras me pregunto cuánto puedo querer realmente a esa mujer si tan solo la conozco desde hace veinticinco días.

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12 comentarios so far
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Me ha gustado aunque en mi opinión la última palabra debería ser “minutos” y el niño debería estar en casa con la pelotita.

Comentario por Jose

Así me gusta Jose, que me hagas caso aunque sea para poner pegas, jaja.

Comentario por Elena Azcárate

Muy a lo Quim Monzó. Me esperaba todo el rato que ella le iba a decir que cortaban. Buen cambio!!! Mmmuas

Comentario por Fatima

Me ha gustado tu comentario porque lo que no quería es que resultara previsible.
besazos

Comentario por Elena Azcárate

Pobrín.
Está bien que a veces sean los hombres los “engañados” y sorprendidos.

Comentario por ucomin

Bien sabes que las mujeres cuando queremos somos ladinas y también sabemos engañar y sorprender. besin.

Comentario por Elena Azcárate

Yo, por un lado, también pensaba que iba a romper con él, pero por otro sabía que no dejarías que fuera tan previsible; me ha gustado mucho. Por cierto, yo sigo pensando que es “le sonrío” en lugar de “la”.
Nos vemos mañana.
Besos.

Comentario por Ainhoa

Que bien que estés de vuelta por lo que significa!.
Al final me vais a hacer un lío con los “la” y los “le” ahora que parecía que lo estaba pillando, jaja.
Besitos y hasta mañana!

Comentario por Elena Azcárate

Elena me ha gustado. Me sospechaba algo con niño… tema que estaba embarazada (pero claro eso tiene solucion)
Tu decision es mas original y mas putada je,je

Comentario por Montse Tafalla

jeje, sí, eso ya no tiene solución, o apencas con ello o te largas!

Comentario por Elena Azcárate

Me encantan tus relatos y me impresiona bastante como puedes mostrar tan bien personajes masculinos. A mi me cuesta mucho, genial!
Laurel

Comentario por Laurel

Gracias por tu comentario!
Curiosamente me resulta más fácil escribir desde el punto de vista masculino. ¿Será porque son más simples que nosotras?
Por cierto ¿dónde puedo leer algo tuyo?

Comentario por Elena Azcárate




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