Escapismo


AMOR A RATOS
28 enero 2010, 11:24 am
Filed under: Ficción

Las horas que pasan juntos son gratificantes, aunque sean casi iguales. Están más tiempo desnudos que vestidos, hablan, ríen y follan. En esos momentos, debajo de las sábanas, se quieren, se abrazan fuerte. Pero cuando salen de la habitación de ese hotel se trasladan a otro mundo, cada uno al suyo, hasta que les vuelve a tocar turno. La distancia entre los dos nunca se acorta del todo, solo a ratos. Solo hablan por teléfono para quedar, siempre en el mismo hotel y a la misma hora, el día varía aunque no suelen estar más de dos semanas sin verse. Hablan poco de sí mismos, apenas saben de la vida del otro. No hace falta, ellos son los oasis.

La mujer, algunas veces, siente en el estómago una náusea cuando él se levanta de la cama. No quiere nada más pero es imposible no ablandarse con los mimos y los abrazos. Seis meses queriéndose una tarde por semana puede hacer mella. Por eso, no se extraña demasiado cuando él la invita, a la hora de siempre, pero esta vez en su casa.

Ella llega antes de tiempo. Da dos vueltas a la manzana. Es un barrio desnudo y vacío. Mira varias veces su reflejo en el cristal del portal, se estira la cara, ahueca su pelo. Mientras sube en el ascensor, frente al espejo, se retoca la pintura corrida de los ojos. Se convence de que en realidad es la misma cita de siempre, el lugar no es importante.

En cuanto abre comprende que se ha equivocado. Es la primera vez que le ve vestido sin corbata y traje, no le gusta su estilo. Ella odia las chaquetas de punto. Un minuto después de entrar, él todavía no la ha mirado a los ojos, no es el mismo. Se dan un beso rápido y un abrazo tieso. La mujer echa un rápido vistazo al salón, es luminoso, y esto le gusta, pero le parece impersonal, poco cálido; tiene muebles blancos, lineales. No hay libros, ni películas, ni una foto.

Mientras toman una cerveza, él habla y ella le escruta. Está descubriendo más del hombre, hasta le habla de su familia.

No tardan en ir a la cama, allí todo cambia. En cuanto ella se mete entre las sábanas de color naranja y ve dos libros y un cenicero en la mesilla, deja de tener reparos y todo transcurre como siempre.

Después, él la pide que se quede a dormir, la mujer no contesta, solo le abraza fuerte y le da un beso en el cuello. El hombre acepta esto como un sí.

Ella, en la oscuridad, espera a que él duerma, y en cuanto oye su respiración tranquila, se despega con mucho cuidado. Coge la ropa, cuidadosamente doblada en la silla, y se escabulle de puntillas.

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6 comentarios so far
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¿Y que mas? Hermanita, me has dejado la historia a medias

Comentario por blanca

Hay amores que solo se pueden sentir a ratos y una noche entera era demasiado.

Comentario por Elena Azcárate

Te he redescubierto desde Barcelona…
Soy tu compañera de aventuras infantiles.
He leido tus textos que reflejan estupendamente en la soledad que todos – estemos solos,estemos bien acompañados o estemos mal acompañados- vivimos y que sentimos a medida que pasan los años y pasa la vida…Te seguire leyendo.

Comentario por Montse Tafalla

Ehhhhh,Montse,qué alegría me da verte por aquí. Tú que me conoces desde niña verás muchas cosas de mí en estos textos. Tienes ventaja! Espero verte por aquí de vez en cuando. Besotes.

Comentario por Elena Azcárate

Eso es lo que yo llamo una “fija discontinua”. Un beso.

Comentario por Roberto

Exacto, y, como en esta historia, hay veces que no da más de sí. Aunque, seamos positivos, muchas veces la discontinuidad desaparece. Besitos.

Comentario por Elena Azcárate




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