Escapismo


Todo tiene un precio
10 enero 2010, 5:53 pm
Filed under: Ficción

Cogió una taza, apuró la cafetera y la recalentó en el microondas. Se dejó caer en el sofá. Esa mañana se sentía incapacitado para todo. Sombrío. Su novio, tan atractivo, se había marchado la noche anterior. Y era para siempre. La escena de la última discusión se repetía una y otra vez en su mente, rebobinaba buscando alguna frase, palabra o gesto que pudiera indicarle que el fin era reversible. No encontraba nada ni  siquiera un atisbo de cariño. Había sido tajante, bestia incluso. Recordaba las horribles palabras de la noche anterior. Le había llamado “feo”, “pequeña morsa”, “sinsustancia”, “me das asco” fue su última frase antes de dar el portazo definitivo.

Su mirada perdida entre lágrimas encontró la foto de sus primeras vacaciones. Fueron a Egipto en Agosto y él aceptó aunque le apetecía ir a la playa, no cultura. No lo pasó bien. Su promiscuo novio estuvo coqueteando todo el viaje con el guía, delante de sus narices y él callaba por no discutir. No estuvo cariñoso ni cómplice. De hecho el sexo solo apareció dos veces en doce días.  Era muy posible que con el guía lo hiciera más. Realmente no era una relación perfecta, ni siquiera plenamente satisfactoria. Pero era mejor que estar solo. Se levantó a coger la foto y miró su carita dulce, sus labios carnosos, se acordó de sus abrazos, de cómo le había cuidado cuando enfermó con anginas, del primer día que durmió allí,  le invadió tanta ternura que se le encogió el corazón. Y en esos instantes  le hubiera perdonado todo, un momento de enfado te hace decir barbaridades, eso le pasa a cualquiera. Se levantó, huyendo de la pena,  y buscó en su armario un paquete de tabaco escondido. Encendió un cigarrillo, sintió gran satisfacción con la primera calada, llevaba más de un año sin fumar, su novio así se lo había exigido, el tabaco o yo le decía a diario.  No le quedó otro remedio que abandonar el vicio. Apuró el cigarro con verdadero placer y se sintió algo mejor. Era domingo y no pensaba salir de casa. Quién le iba a decir que su relación iba a acabar así, tan repentinamente. Es posible que estuviera mejor solo.

Fue ducharse con otra actitud. Se desnudó y tiró la ropa al suelo en vez de colgarla en el perchero. Notó el agua tibia sobre la cara y pensó, aliviado, que ya no tendría que preocuparse por las salpicaduras en el suelo ni por los pelos de la bañera. Podría apretar el tubo de pasta de dientes como le diera la gana, incluso reventarlo si quería. Dedicó bastante tiempo a secarse y pensó que quién le iba a exfoliar la espalda a partir de ahora, pero al instante se acordó que él hasta hace dos años ni siquiera sabía que significaba exactamente la palabra exfoliar. Este pensamiento, de algún modo le hizo sentirse más ligero. No era tan malo quedarse sin pareja. Y pudiera ser que encontrara a alguien más afín a él.

Volvió al sofá. La habitación daba vueltas junto con los recuerdos.  Estuvo una hora como en trance, aceptando, hasta que el agujero del estómago le recordó que llevaba horas sin comer. Fue a la nevera y los productos sanos e integrales no le resultaron apetitosos. Con los ojos hinchados bajó a su bar favorito del barrio, al que su escrupuloso novio nunca había entrado porque era un cuchitril. Al entrar, el camarero le  saludó desde la barra con un “cuánto tiempo”, este pequeño gesto le hizo sentir cómodo, acompañado y más sereno. Se comió o, más bien engulló, media barra de pan con dos huevos fritos con patatas, grasientos y deliciosos. A continuación, disfrutó lentamente de otro cigarrillo.

Subió a casa satisfecho con la intención de dormir la siesta, hábito que también había dejado de practicar. Fue al dormitorio, revuelto, como él mismo, no miró hacia el lado del armario vacío, ni quiso rebuscar algo olvidado,  se tumbó en la cama deshecha, giró la cabeza y  percibió un leve olor a su novio, cogió la almohada, la aspiró profundamente buscando lo que ya no volvería a tener, y lo único que pudo hacer fue llorar, sin saber cuánto tiempo estaría haciéndolo.

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10 comentarios so far
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Nada, que no llore mucho, que va a estar mucho mejor sin él.
Un beso, guapa.
(Por cierto, he vuelto sana y salva)

Comentario por Ainhoa

Me ha gustado mucho.
El renacimiento que le espera….. Si es que menudo empeño en tener pareja….. en fin…
Besos.

Comentario por ucomin

Me ha dado pena. Pero se me ha quitado rápido pq creo q esa pareja al final vuelve. Ellos sabrán lo q hacen…
besos

Comentario por ángel

Jaja, siempre serás un romántico idealista. Y si vuelve con él, es que es tonto o autodestructivo, si el novio era insoportable!!
besazos

Comentario por Elena Azcárate

el amor es ciego, elena. Uno de los dos volvería seguro. Y todos sabemos cuál es.
+ besos.

Comentario por ángel

No creo en amores ciegos. Pero sí, uno de ellos volvería seguro, el que no se estima.
besos

Comentario por Elena Azcárate

Una ruptura en la que el abandonado disfruta inmediatamente de los vicios que le fueron prohibidos, ensalzando las libertades pero sin sacrificar los sentimientos.
No es una situación muy realista, como no podía ser de otra forma, conociendo a su autora. Jajaja

Comentario por Lito

No estoy de acuerdo, creo que es muy realista, intentas agarrarte a lo positivo de la ruptura para consolarte, pero la honda pena y la sensación de abandono es inevitable. Eso es lo que quería contar así que si no lo has entendido es que está mal escrito, porque listo eres, jaja.

Comentario por Elena Azcárate

Lo que querías contar lo he entendido. Quizás he hablado demasiado desde mi propia experiencia personal, porque a mí, el primer día incluso la primera semana del abandono no se me pasa por la cabeza pensar en nada positivo. Pero los románticos no somos nada realistas y podemos ser inteligentes pero rara vez listos 😉

Comentario por Lito

Cierto, tienes razón, los románticos no sois nada realistas, pero ya sea el primer día, la primera semana o el primer mes, cuando cada uno pueda, hay que pensar que cuando se cierra una puerta se abren otras y eso es lo que importa.
besos

Comentario por Elena Azcárate




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