Escapismo


Tic, tac, tic, tac
5 enero 2010, 7:34 pm
Filed under: Ficción

 Te dejo durmiendo. Como todas las mañanas desde hace nueve años. Tu oficio de escritor te ha convertido en un vago. Te pasas horas metido en la cama, ideando, dices tú, vegetando, pienso yo.
Tus libros son aburridos porque no tienes nada que contar, porque apenas vives.

Ya en el metro, en el andén casi vacío, hay un hombre singular, pequeño, vestido con chándal verde menta, sus movimientos son espasmódicos, hace muecas.  Anda deprisa de un lado a otro. Se acerca a una mujer, a la que asusta un poco, y la increpa:
– ¿Qué hora es? Y cuarto, son y cuarto, ¿qué hora es? Y cuarto. Y continúa así hasta que la mujer le confirma que son las 9’15 minutos, y se va hacia un extremo del andén, diciendo las nueve y cuarto a voz en cuello, una y otra vez mientras mira las papeleras.

Me hace gracia el hombrecillo.

Paso una jornada laboral anodina, como todas. Salgo del trabajo, te llamo, como siempre, y voy al metro.  Es imposible no fijarse en él, el hombrecillo del chándal verde menta está gritando. Esta vez el andén está lleno, todos le miran, me abro paso y me acerco más a él. Le observo, debe tener cuarenta años, como tú y como yo, tiene entradas, una sonrisa forzada, los carrillos sobresalen de su cara y sus ojillos, pequeños y opacos, no consiguen posarse más de tres segundos sobre nada, en su ojeo continúo pasa sobre mi pero tampoco se para. Se pega a otra mujer y empieza otra vez:

– ¿Qué hora es? Y cuarto, son y cuarto, ¿qué hora es? Y cuarto. Y sigue con el sonsonete hasta que  la mujer le enseña su reloj y  le dice que son las seis y cuarto. Contento se va hacia salida, gritando: las seis y cuarto, son las seis y cuarto y así hasta que el estruendo del tren ahoga su voz.

El episodio del hombrecillo me ha llamado la atención, en otro momento de nuestra vida te lo hubiera contado al llegar a casa pero por algún ignorado motivo no lo he hecho.

La rutina nos lleva al final del día, tú y yo, en el sofá una noche más, viendo ese programa que se repite cada martes, cenando la misma ensalada de siempre, y casi sin hablar porque ya poco queda que contarnos.

Por la mañana, al entrar en el metro, sorprendida, vuelvo a  verle. El hombrecillo, preguntando de forma compulsiva la hora y confirmando de nuevo a gritos que son las nueve y cuarto. Por un momento me he sentido en un bucle infinito del que no voy a salir. Empiezo a estar convencida de que es un reloj humano que me recuerda que el tiempo pasa, y nosotros con él. Que vuelven a ser las nueve y cuarto, y las seis y cuarto y vuelta otra vez a las nueve y cuarto y todos los días hacemos lo mismo, nos decimos lo mismo, dormimos igual, y lo que es peor, nos queremos lo mismo.

No puede ser casualidad que por tercera vez en un día, alguien venga a recordarme que las horas corren, y con ellas las semanas y los meses, y así llegan los años y van sumando. Y cuando te das cuenta han pasado nueve. 

He estado rara todo el día. No se me ha quitado de la cabeza mi idea sobre el tiempo y el hombrecillo. Esa tarde en el metro esperaba volver a verle pero no le he encontrado. Ya da igual.

He llegado a casa y estabas, como siempre, en el sofá viendo documentales. Este hecho, repetitivo e insignificante en nuestra vida, hoy me ha resultado intolerable. Ni me he molestado en preguntarte si has avanzado con  tu libro, porque ya sé la respuesta.  Me has saludado casi por inercia. Y sin poder evitarlo, me he sentado frente a ti y te he dicho, tranquilamente y a la cara, que no iba a perder más tiempo contigo. Ni un día más. Mientras lo decía, por pura casualidad, he visto como las agujas del reloj de la pared marcaban las siete y cuarto en punto de la tarde.

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6 comentarios so far
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Es un relato muy bueno y con un cierre perfecto. Mis más sinceras felicitaciones, ya veo que la Navidad te inspira, jajaja. Besos postresacanavideña¡

Comentario por Maria1

Pues no creas que la Navidad me inspira, claro que este lo escribí justo antes, jaja.
Gracias por tus ánimos!
besos

Comentario por Elena Azcárate

Yo también te felicito. Qué difícil es vivir con rutina y sin ella. Lo ideal sería que la rutina que vivimos nos gustara y que no nos inquietara ningún hombrecillo por más que pasara el tiempo, verdad? Muchos besos y que este sea un año redondo para ti. Sin cuartos ni medias. Muaas.

Comentario por Fatima

Que gran verdad dices, vivir sin rutina también cuesta. La cuestión es no dejarse absorber por ella porque la vida pasa sin enterarte.
Un año redondo, que bien suena eso! Ojalá…
besito

Comentario por Elena Azcárate

Un año diez elena, eso es lo que nos hace falta. Me encanta tu relato, está muy bien la asociación que haces con el paso del tiempo y el hombrecillo loco… besos!

Comentario por Latere

Gracias Tere. Alguna vez tiene que ser nuestro año diez ¿no?
Puede ser este!!
besito

Comentario por Elena Azcárate




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