Escapismo


Vía libre
21 diciembre 2009, 10:57 am
Filed under: Ficción

Miro el reloj de la estación, quedan quince minutos para que salga mi tren. Me voy de la ciudad. Nunca me he sentido de aquí. Ni por asomo he pertenecido a ella. Nuestro pequeño piso alquilado con vistas a las vías , lo voy a echar de menos, o no. Cuántos cigarrillos fumados en esa terraza, horas enteras  mirando el ir y venir de los trenes. Y escuchándolos. Pensando en las vidas ajenas de personas ajenas. Esos pasajeros que cuentan siempre lo mismo  a  personas distintas. Soledades de viaje. Como yo ahora, sola. Como esta señora del abrigo rojo, que tengo en frente, seguro que va a ver a sus nietos el fin de semana, porque hoy es viernes y lleva poco equipaje. O ese chico que me mira de reojillo, lleva una maleta grande, se irá de vacaciones. Y esas dos adolescentes excitadas, probablemente sea su primer viaje solas. Todos ellos dispuestos a subir a un tren.  Como yo. No pienso perder más trenes. Pienso en mi vida, y también ha sido un ir y venir, con paradas. Me vine por amor y me voy por desamor. Recorrido largo siempre con conductor, o corto. Yo nunca he decidido nada, siempre dejándome llevar. He vivido para él. Los pasajeros tampoco deciden donde se para el tren, sólo si se bajan o no. Estoy anulada. Como una mercancía en un vagón oscuro. Y cornuda. Seis meses con otra y yo sin enterarme. Como esas vías olvidadas, cubiertas de óxido, en las  que nunca estás segura y miras adelante y atrás de continuo temiendo que un tren te pille desprevenida. Los amigos  sabiéndolo, nadie me lo dijo, queda claro que estoy sola en esta ciudad. Igual que el vagón que veía frente a mi ventana, solitario en la vía, dejado por todos. Alguna vez, paseando por allí entré en él y me sentí a gusto. Rodeada de abandono y dejadez. Como tantas veces me he sentido.

El tren viene con retraso, me avisa el jefe de la estación. Nos conocemos de vista. ¿De cuánto?. Media hora, más o menos. ¿Te vas por mucho tiempo? Me pregunta al ver mi enorme maleta. No mucho, le contesto sin ganas de darle más explicaciones.

Me siento en el banco frío e incómodo que está a mi espalda a observar el trasiego de gente, el chico de la maleta sigue mirando furtivamente,  ya no veo a la señora del abrigo rojo ni a las adolescentes. Lo dejé todo por él y en tan sólo un año ya no me quiere. Mentiroso como los trenes que nunca llegan a su hora. Como el que estoy esperando. De él ya no podía esperar nada más, ni siquiera consuelo. Sólo puedo irme. Me voy dolida pero contenta. Este tren no lo pierdo. Y esta vez  lo voy a conducir yo. No tengo decididas las paradas. Ni el destino. No voy a dejar que nadie decida por mí, ni por amor. Los trenes también chocan, y duele. Pero la vía tarde o temprano  acaba quedando libre para que pase el siguiente.

No he visto llegar al tren a la estación, ahora lo tengo delante y me voy a subir a él. Llegué a esta ciudad en tren, a mi hora, y me marcho en tren, esta vez con retraso pero con la certeza de que no va a descarrilar.

Arranca suavemente y el jefe de estación me hace un ligero gesto de despedida con la mano.

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6 comentarios so far
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Está muy chulo, me gusta el paraleliso entre los trenes y la protagonista….por decir algo, la última frase no me dice nada, lo dejaría en “la certeza de que no va a descarrilar”…pero vamos solo por decir algo 🙂

Bsitos!

Comentario por Lilith

Ese era el ejercicio. A mi no me entusiasma pero bueno tiene que haber de todo en este blog.
Gracias guapita, ya que te queda menos para las vacaciones!
besitos

Comentario por Elena Azcárate

Me ha gustado mucho, además de por el paralelismo que te dice Lilith, porque no desprende rencor, solo cansancio; claro, que a veces, no es para menos.
Besitos

Comentario por beatriz

Efectivamente, no es para menos, jiji. Tú bien lo sabes.
besos

Comentario por Elena Azcárate

Eso he pensado yo cada vez que he dado una relacion por terminada cuando a el se le acabo el amor, que iba a tomar las riendas de mi vida. Pero en el fondo no es asi, siempre voy cogiendo los trenes que ellos quieren y al final de cada viaje vuelvo a la misma estacion, la de mi familia. Gracias por eso.

Comentario por blanca

Siempre está bien tener una estación de destino, y la familia es la más segura. Besitos.

Comentario por Elena Azcárate




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