Escapismo


Padre solo hay uno
6 diciembre 2009, 7:41 pm
Filed under: Ficción

 Juana llegó a la estación una hora antes de que saliera el autobús. Era bajita y gorda,  cincuentona, con un pelo graso y negro que enmarcaba su cara casi siempre colorada por el sobrepeso y la tensión alta. Acostumbraba a vestir de negro, producto de los sucesivos lutos pueblerinos impuestos a lo largo de su vida. Se dejó caer en uno de los pocos asientos que quedaban libres, puso la maleta vieja entre sus rechonchas piernas pero la goma gruesa que la rodeaba se le clavaba en las pantorrillas así que la colocó al lado, muy pegada a ella. Su padre que siempre viajaba con ella, la había advertido muchas veces de los robos de maletas. Ella podía estar orgullosa que en treinta años que llevaba viajando de Madrid al pueblo  jamás la habían robado nada. Su maleta era la misma de siempre, la que se compró cuando se trasladó a la ciudad. Estaba ensimismada mirando el pulular de la gente propio de una estación concurrida. Observando como iban vestidas las mujeres, como los hombres las miraban. En frente una pareja despidiéndose con un beso de película. Le encantaba el ambiente de la estación, el tiempo pasaba volando. Juana miró el reloj. Quedaban veinte minutos para que saliera su autobús. Era hora de bajar al andén, alargó la mano hacia su equipaje y descubrió con gran horror que su querida maleta de cuero negro desgastado  no estaba. Miró a su alrededor con la desesperación en la cara.  Echó a correr abriéndose paso entre la gente gritando, clamando por su maleta robada…”mi maleta, me han robado…mi padre, se han llevado a mi padre”, repetía una y otra vez.  Nadie parecía entenderla.  La miraban divertidos, como a una loca. Y es que lo parecía. Lloraba con una pena desoladora. Se tiraba de los pelos. Se tocaba la cara regordeta. Miraba a su alrededor suplicando ayuda. Pero sus ojos casi salidos de las órbitas no invitaba a ayudarla. Por fin un vigilante de la estación la paró, consiguió tranquilizarla lo justo para acompañarla a la comisaría de policía.

Juana no paraba de llorar, susurrando todo el tiempo: mi padre, mi padre. El policía paciente, empezó a preguntar:

–          ¿Qué ha pasado señora?

Ella  miraba al vacío:

–          Se han llevado a mi padre.

–          ¿No es la maleta lo que le han robado?

–          Mi padre, Anselmo, se lo han llevado.

El policía le ofrece un café, Juana ni contesta, se lo trae y vuelve a la carga:

–          Juana, dígame ¿qué llevaba en la maleta?

La cara de Juana, más colorada que nunca, casi deforme por la llantina constante, entre hipidos consigue decir:

–          Mi ropa, un sobre con dinero, mi padre….- y vuelve a convulsionarse mientras se tapa la cara con un pañuelo enorme de hombre.

–          ¿Cuánto dinero? – el policía obvia el tema del padre, parece una mujer trastornada.

–          Mi  paga, 900 euros, pero lo que me importa es mi padre – insiste.

Al policía no le queda otra que abordar el tema del padre:

–          ¿qué ha ocurrido con su padre, estaba con usted?

–          sí, pegado a mis piernas, siempre va conmigo cuando viajo – le costó decirlo todo de un golpe.

Juana ni prueba el café, con la cabeza gacha, el pañuelo hecho un guiñapo en su mano, no deja de llorar ni un momento. El policía no sabe si reír, no acaba de entenderlo, un viejo secuestrado en una estación. Probablemente se habrá marchado para no soportar a su hija, la loca. Cualquiera se lo dice. La deja en silencio. Juana ahora tiene un llorar manso.

El policía insiste:

–          Vamos por partes, usted y su padre estaban en la estación , ha venido alguien y en un descuido se ha llevado la maleta y a su padre.

–          Siiii, eso es lo que ha pasado, a mi me da igual la maleta, el dinero, pero mi padre… – otra vez hipidos – encuéntrele por favor.

–          ¿Cómo se llama su padre?

–          Anselmo..va conmigo siempre que viajo – con la voz quebrada por la pena.

Suena el teléfono, Juana levanta la cabeza con los ojillos muy abiertos, por un momento ha dejado de llorar. El policía contesta, escucha y asiente. Cuando cuelga tuerce la boca para no reírse .

–          Señora, han encontrado su maleta, el  sobre con el dinero ha desaparecido pero hemos encontrado a su padre, el frasco con las cenizas de Anselmo García Cabello está intacto.

Juana, suspiró con tremendo alivio.

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6 comentarios so far
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Muy bueno Elena, estaba yo toda intrigada pensando que llevaba al padre descuartizado en la maleta!

Comentario por Latere

Hay que ver lo que nos cuesta desprendernos de ciertas costumbres, y ya no digamos si se involucran los afectos…
Maravillosamente macabro¡

Comentario por Maria

Gracias chicas, me alegro que os haya gustado. Es una historia casi real, desde luego… ¡hay gente para todo!

Comentario por Elena Azcárate

Me gusta. Divertido. Tragicómico.
Si llega a caer en otras manos lo mismo lo echan en la comida (caso real).

Comentario por ucomin

Sabia que no llevaba el cuerpo fisico del padre, pero no se me habia ocurrido lo de las cenizas. Por eso tu eres escritora y yo no.

Comentario por blanca

jaja, como suena lo de escritora, que optimista eres, con seguidoras como tú triunfaría seguro.
muchos besitos

Comentario por Elena Azcárate




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