Escapismo


El sueño
20 noviembre 2009, 11:03 am
Filed under: Ficción

Soy terapeuta desde hace diez años. El 80% de mis pacientes son mujeres. Como yo. No es que me haya especializado en ellas, ha ocurrido así. Se me da bien tratarlas. Y me gusta.

Hoy ha venido una paciente nueva. Una mujer todavía joven de apariencia segura, aunque observo que se come compulsivamente las uñas.

Entra tranquila. Más bien se deja caer en la silla. Nos presentamos. Le hago un pequeño cuestionario sobre su vida. No tiene pareja estable. Ha tenido rupturas sentimentales dolorosas. Vive sola pero tiene vida social. Es la primera vez que acude a terapia.

La miro animosa, invitándola a hablar.

 

–       Estoy cansada – es lo primero que dice.

–       Llevo año y medio soñando lo mismo, todas las noches. Viene a mi cama un dragón y me folla – añade.

 

Me quedo callada esperando que continúe pero no lo hace.

–       Vamos por partes, ¿de dónde sale el dragón? – le pregunto.

–       Estoy en mi cama, llaman a la puerta, sé que es el dragón y no le quiero abrir. Me inquieta. Pero él con voz dulce me suplica: déjame entrar. No voy a hacerte daño. Y yo como no sé decir que no acabo abriéndole con una mezcla de miedo y emoción.

–       ¿Y cómo es la puerta?

–       Vieja y pesada, con un cerrojo enorme pero se abre con facilidad. Tiene el marco redondeado, es oscura  pero no me disgusta.

–       Y una vez entra el dragón ¿qué ocurre?

–       El dragón es azul eléctrico con los ojos también azules, tiene las alas replegadas y se sienta en mi cama. Se comporta bien, nada agresivo, incluso amable y tierno.

–       ¿Y tú como te sientes?

–        Yo por momentos me arrepiento de haber abierto la puerta y por otros me alegro. Pero quiero que se vaya. Intento decírselo pero él me tapa la boca suavemente. Me tumba en la cama y me folla sin más.

 

Se remueve en el asiento, hace un esfuerzo por no comerse las uñas, se agarra los dedos, no se siente cómoda contándome el sueño. Rehúye mi mirada. La animo a continuar:

 

–       ¿Y te gusta?

–       Me gusta mucho pero nunca termino.

–       ¿ No llegas al orgasmo?

–       Nunca, solo pienso en por qué he abierto la puerta. Miro la puerta todo el rato. Está abierta y eso me incomoda.

–       ¿y el dragón?

–       El dragón sí,  echa fuego por la boca cuando lo hace y me asusta pero pienso que por fin pronto se irá y eso me alivia.

 

Anoto en mi agenda “miedo”. En la próxima sesión quiero empezar por ahí.

 

–       ¿Y se marcha? –

–       Sí, se lo  pido y se marcha. Cierra la puerta a su espalda, me quedo sola y ese es el momento en el que me despierto desazonada, incluso un poco triste.

 

Aprecio su cansancio y le digo que ya es la hora. En la próxima cita seguiremos profundizando. La receto unas pastillas para dormir, de las que borran los sueños y quedamos en vernos la semana siguiente.

Me quedo un rato pensando en ella. Y en mí. Cojo el teléfono y llamo a un colega de la universidad, siento la necesidad de hablar con él:

 

–       Necesito verte – le digo.

–       ¿qué te pasa? –

–       Estoy cansada, sueño todas las noches lo mismo desde hace dos meses. Viene a mi cama un león y me folla…

 

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2 comentarios so far
Deja un comentario

Fantástico el dragón! Y lleva año y medio yéndose y volviendo…habría que decirle. “vamos a cerrar la puerta cariño”. Que bueno saber de ti, gracias por invitarme al blog! Besazo!.

Comentario por Mariajo

Ehh guapa! Que bien que hayas entrado y dejado comentario. El dragón bien podía ser un lince, jeje.
besitos

Comentario por Elena Azcárate




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