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Lleva varios días dándole vueltas al tema. Anda distraído y preocupado. Su padre quiere verle pero él no está seguro. Le había encapsulado en el fondo de su mente y, después de tantos años, una sola llamada de teléfono le ha traído al presente a lo bruto. Sin deseo, ni preparación, ni aviso.
El hijo se esforzó durante mucho tiempo en no pensar en él cada día, en no recordar, cada vez que iban juntos al bosque, las acampadas en el monte, el fútbol, las fiestas del pueblo. El padre, camionero, se ausentaba durante semanas, pero cuando volvía se dedicaba a su mujer y a su hijo. Al regresar de un viaje se comportó distinto, y la siguiente vez también, hasta que acabó confesando que se había enamorado de una prostituta brasileña y se marchó con ella. Al principio llamaba a menudo, algo avergonzado. Poco a poco esos contactos incómodos se fueron espaciando hasta que se olvidó de su mujer y su hijo de trece años. Cuando pasó un año sin saber de él, el hijo empezó a acumular resentimiento, por el vacío, por su madre que lloraba a escondidas, por la apretura económica. La gente del pueblo no ayudó mucho en aquel momento, murmullos y habladurías les siguieron durante meses. En aquel tiempo su madre y él pasaban muchas horas juntos, pero a veces, mientras cenaban, se instalaba la ausencia del padre y apenas hablaban.
Con el tiempo, le llevó años, dejó de esperar que llamara o volviera. Y cuando pensaba en él deseaba sentir indiferencia.
El jueves pasado el padre había llamado, con voz temblorosa habló deprisa y se disculpó muchas veces. No dio explicaciones pero pidió verle, tomar algo, dijo que tendría paciencia; antes de colgar, en un susurro suplicante, añadió “por favor”. El hijo, mientras escuchaba sin abrir la boca, se sintió como de corcho. Estuvo horas desequilibrado, perdido, pasando de la furia al lloro por momentos. Él había crecido imaginando a su padre feliz en Brasil, quizá con otra familia, y desentendido de su propio hijo. Fantaseó muchas veces con que venía a buscarle y le llevaba con él un tiempo. Ahora se había hecho mayor, su padre era pasado y él creía, hasta ese momento, tener las ideas claras. Pero oír su voz quebrada le había provocado una congoja retenida que permanecía en su garganta. Desde ese día sus sentimientos eran encontrados. A ratos le entraban ganas de verle, a otros quería que desapareciese. Esos días evitó andar por el pueblo, pasó mucho tiempo en casa, con su madre, hablaron mucho, y ella le animó al encuentro. Padre solo hay uno, dijo, quítate la espina. Quizá le decidió esa frase, porque su padre, lejano hasta ese momento, se había convertido en una estaca. Así que justo una semana después de la reaparición le citó en el parque de las afueras del pueblo; la conversación fue breve y no le llamó papá.
Se acercó al parque por la costa, el viento húmedo aliviaba, estaba nervioso y arrepentido. No imaginaba de qué podrían hablar, no quería resumir los últimos trece años de su vida. Esperaba que hablara él, quizá fuera más fácil de lo que parecía. Pasó cerca del muelle y al recordar las horas de pesca con su padre, se preguntó si realmente le echaba de menos, si le quería en su vida. Subió la cuesta para bordear el parque, le vio a lo lejos, se le tensaron los hombros. Medio agachado cogió un camino de niños entre los arbustos, y, oculto, observó a su padre, allí en medio, solo en la inmensa pradera, con el cielo cargado encima. Estaba más gordo, y más bajo, casi calvo, con la cabeza inclinada y fumando, como siempre. Levantó la vista y el hijo se encogió. Le notó envejecido, y derrotado. Estuvo un rato allí dudoso explorando cada gesto, y cuando su padre miró el reloj por segunda vez, dio marcha atrás, sin correr se alejó de allí, hacia la playa. Bajó tranquilo, con el cielo más oscuro. Tembló cuando la primera gota de lluvia se le metió por el cuello. Le dio tiempo a cobijarse y mientras contemplaba el aguacero pensó que en el parque cuando llueve uno se cala en seguida.
30 comentarios hasta ahora
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le has otorgado un cierto castigo en pleno argumento
excelente
Comentario por JG 3 febrero 2011 @ 10:47 pmVisto así poco castigo parece aunque merecido.
Comentario por Elena 4 febrero 2011 @ 9:05 am¡Gracias JG!
Después de la llamada del teléfono, como un chubasco desenvuelves la historia.La breve edad y la historia intensa de un adolescente Bien ambientada, y uno puede oler y sentir la entrevista que está próxima a desarrollarse. Que se diran, como será el lenguaje corporal – uno eso se pregunta y continuá la lectura- Escondido ve a su padre, viejo, derrotado y se da vuelta, dejandolo plantado, como él viejo hizo con él. Pero me pregunto si lo hubiese visto altivo, remozado y exitoso, ¿le hubiese hablado? Como siempre me voy satisfecho de tu prosa y acariciando emociones…Rub
Comentario por rubengarcia 3 febrero 2011 @ 11:57 pmCreo que ver a tu padre derrotado es muy triste, o él lo quiso ver así. En cambio si hubiera estado lozano y exitoso es posible que su visión hubiera cambiado, tener un padre triunfador nos gusta a todos. Gracias Rub, siempre tan amable. Un abrazo.
Comentario por Elena 4 febrero 2011 @ 9:25 amGran relato. Muy emocional, conmovedor. La historia de tantos hijos que, por la separacion de los padres, tienen un vacio en las emociones dificil de llenar.
Comentario por Javier Revolo 4 febrero 2011 @ 1:26 amQuiero hacerte solo una anotacion, no se si estoy en lo correcto. El relato esta escrito en tercera persona pero, hay una frase que esta hecha en primera persona:”…hasta que acabó confesando a mi madre que se había enamorado de una prostituta…” Lo has hecho con alguna intencion? En todo caso, solo queria senalarlo, pues me llamo la atencion ese salto de persona gramatical que no se repite.
Un beso y gracias, me ha encantado
La vida nos va marcando desde la infancia.
Comentario por Elena 4 febrero 2011 @ 9:09 amEstás en lo cierto en el error, se me fue la persona, ya está enmendado. Gracias a ti por tu lectura atenta y tus comentarios, los positivos y los oportunos. Un beso Javier!
Me ha cautivado esta narración agridulce, gris, tan real…
Felicidades.
Comentario por Alan Rulf 4 febrero 2011 @ 9:26 amGracias Alan!
Comentario por Elena 4 febrero 2011 @ 8:32 pmLa relación entre un padre, en este caso ausente, y un hijo siempre tiene esos componentes, bueno, y muchos más.
Me gusta la narración, con ese tono melancólico. Además, el final tiene muchas interpretaciones y eso siempre es bueno.
Comentario por Ainhoa 4 febrero 2011 @ 10:04 amUn beso, guapa.
Sí, el final lo dejo a cada cual y según los estados de ánimos,
.
Comentario por Elena 4 febrero 2011 @ 8:33 pm¡Besos!
Ufff. Me ha sobrecogido. Un poco más largo y termino con lágrimas (estaré chocheando?).
Comentario por ucomin 4 febrero 2011 @ 10:29 pmNo puedo decir más.
Besos.
, que digas tú eso que eres un cacho de carne me congratula. ¡He conseguido conmoverte!
Comentario por Elena 5 febrero 2011 @ 11:09 amNo creo que chochees…todavía.Besos.
Me ha encantado, vuestra narrativa me atrapó desde el inicio y en su transcurso, por motivos diversos, quizás reflejada en algunos puntos me he sentido.
Saludos
Comentario por Ericka Volkova 5 febrero 2011 @ 8:41 amEstá claro que cuando uno se siente reflejado en algunos puntos la lectura resulta mucho más profunda. Gracias Ericka, ¡bienvenida al blog!
Comentario por Elena 5 febrero 2011 @ 11:12 amElena, no te había leído nunca y me ha apresado tu escritura. Has relatado el drama del abandono con una contención que encoge. Me ha gustado la metáfora del corcho, se empapa pero seguirá flotando. Un abrazo,
Comentario por annefatosme 5 febrero 2011 @ 12:21 pmHola Anne, si algo caracteriza mi escritura es la contención en todos los aspectos, claro que el espacio del blog también me condiciona un poco. ¡Gracias por tu comentario gratificante! Un abrazo.
Comentario por Elena 5 febrero 2011 @ 12:56 pmQué decirte, ¡excelente! Genial manera de crear una atmósfera, una tensión, un clima con las palabras justas y dejar la elipsis como contundente y perfecto final. Muy bueno.
Comentario por Miguel Baquero 6 febrero 2011 @ 6:06 pmGracias Miguel, cuando uno tiene la atmósfera en la cabeza es más fácil traspasarla al papel, o al ordenador, vaya.
Comentario por Elena 6 febrero 2011 @ 10:57 pmMe encanta como cierra el cuento, perfecta la frase final. Muy bueno Elena¡¡
Comentario por Maria1 7 febrero 2011 @ 12:47 pmViniendo de ti me siento halagada. Uno de esos finales que vienen solos, la propia historia lo encuentra, una gozada cuando es así. Mua!
Comentario por Elena 7 febrero 2011 @ 11:21 pmEl texto me ha gustado, pero a diferencia de la opinión mayoritaria no me ha gustado mucho el final, demasiado abierto para mi gusto.
Un saludo.
Comentario por samsagazgamyi 8 febrero 2011 @ 10:43 pmMe gustan las diferentes lecturas de un mismo texto, a mí tampoco me gustan los final abiertos, pero este vino así sin pensar si era abierto o resolutorio. Para mí cierra, el hijo prescinde del padre pero para otros no. ¡Gracias por la visita y la opinión!
Comentario por Elena 9 febrero 2011 @ 10:47 ampues a mi me hubiera gustado leer ese reencuentro, pero claro, nos lo has escamoteado con la excusa del blog y tal y tal… q morro. En fin, me aguantaré y punto. Espero superar pronto estos momentos de frustración.
Comentario por ángel 9 febrero 2011 @ 4:08 pmBesitos.
, que no, que no va a haber reencuentro, que pasa de su padre. ¿Te alivia la frustración?
Comentario por Elena 9 febrero 2011 @ 5:03 pmAunque si prefieres pensar que sí, que se encontrarán, pues vale, ya te digo que hicieron las paces y ahora son, más o menos, felices.
Besazos.
“Padre solo hay uno, sacate la espina”. El lo hizo y le bastó con verle de lejos para sacársela, muy bien.
Otro dia nos cuentas las andanzas del padre en Brasil
Comentario por Charradetas 11 febrero 2011 @ 11:55 amOjalá siempre fuera así de fácil, probablemente en poco tiempo se de cuenta de que la espina le dejó una herida.
Comentario por Elena 11 febrero 2011 @ 12:30 pmCreo que las andanzas en Brasil del padre nos haría comprender porqué pasó de su mujer y su hijo.
Me ha gustado mucho tu relato!
El final me parece brillante…
Saludos
Comentario por Daniel Arranz 11 febrero 2011 @ 1:26 pmMuchas gracias Daniel, con comentarios así una se anima a seguir escribiendo. Un abrazo.
Comentario por Elena 11 febrero 2011 @ 2:06 pmUn buen relato, un buen final.
Comentario por Mercedes Molinero 11 febrero 2011 @ 11:52 pm¿Cómo podría acercarse el hijo viendo a su padre mirando el reloj? Nunca tuvo tiempo para él y ahora, en este nuevo acercamiento, tampoco puede.
Creo que al hijo le daría igual si fuera un ganador, al revés al verle perdedor podría darle lástima.
Pero el tema es el tiempo. No tiene tiempo para mí. Nunca lo tuvo.
Un abrazo
Se supone que para un padre lo primero es su hijo, pero cuando esto no es así, me temo que para el hijo el padre pasa a ser lo último. Muy buena lectura, Mercedes, gracias por la visita y el comentario. Un abrazo.
Comentario por Elena 12 febrero 2011 @ 11:16 am