Archivado en: Ficción
El pie, esa parte del cuerpo que nos sostiene.
Que nos lleva a sitios insospechados.
Que nos libra de la vil cucaracha que corre por la cocina.
Que nos permite huir.
Que nos ayuda a avanzar.
El pie que muestra sentimientos, da brincos de alegría.
O patadas de rabia.
Que nos deja danzar, dar vueltas, jugar o nadar.
Pies que tropiezan y te hacen caer.
Pies que te ayudan a levantarte y continuar.
Pies calientes, fríos , grandes y pequeños.
Pies desnudos, y vestidos.
Pies que flotan.
Que sudan, y huelen.
Pies que se esconden.
En verano salen de su escondrijo y los ves por todas partes.
Pies feos, muchos, pies bonitos, alguno.
Pies cuidados, pocos, tersos y lustrosos.
Otros con durezas, grietas o juanetes.
Algunos de uñas amarillas y duras, como mejillones.
Muchos con pelo, recordando nuestro origen.
Pies que te patean.
O te pisan.
O acarician.
Pies que se enlazan y quieren.
Pies sigilosos.
El pie, ese gran ignorado que adquiere importancia con cada paso que damos.
6 comentarios hasta ahora
Deja un comentario



¿y el botillo?
Comentario por beatriz 26 noviembre 2009 @ 10:12 pmEl botillo escondido!
Comentario por Elena Azcárate 27 noviembre 2009 @ 8:52 amJaja, Muy bueno Elena.Pero me siento ignorado. No hablas de pies lesionados o heridos que son masajeados por hordas de fisios en prácticas.
La frase final es cojonuda, y lo de los mejillones: asqueroso! aunque real como la vida misma.
Besos
Comentario por Espejo Pulido 27 noviembre 2009 @ 11:17 pmJo, tienes razón, quizá me olvidé porque no me quiero acordar de lo que me duelen!
Comentario por Elena Azcárate 29 noviembre 2009 @ 1:10 amGracias Jesús! Me divertí escribiéndolo.
Lo de los mejillones lo diras por Paco porque son asquerosos. Besos
Comentario por blanca 30 noviembre 2009 @ 8:58 amjaja, no se los he visto pero si lo dices tú seguro que así es.
Comentario por Elena Azcárate 30 noviembre 2009 @ 10:18 ambesitos